Lunes 11/12/2017. Actualizado 01:00h

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Mundo

Las jornadas nacen de la experiencia del movimiento Comunión y Liberación

El abad general de la orden cisterciense explica en el Encuentro Madrid por qué fracasa la evangelización

En este evento se ha inaugurado una exposición sobre las cárceles APAC de Brasil, organizadas sin policía y basadas en la misericordia

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La XIII edición del Encuentro Madrid, ha traído hasta la capital española a personalidades de todo el mundo para abrir un espacio de diálogo sobre cuestiones de actualidad bajo el lema: “Heridos por la belleza”. Este acontecimiento, que nace de la experiencia del movimiento Comunión y Liberación, ha contado con la asistencia del padre Mauro Lepori, abad general de la orden cisterciense.

El padre Mauro Lepori, abad general de la orden cisterciense. El padre Mauro Lepori, abad general de la orden cisterciense.

El acto principal de EncuentroMadrid2017, celebrado del 21 al 23 de abril, lo ha protagonizado el padre Mauro Lepori, abad general de la orden cisterciense y el padre Ibrahim Alsabagh, franciscano responsable de la comunidad latina en Alepo.

Ante la pregunta que plantea este encuentro, ¿qué es la belleza y dónde podemos encontrarla? ¿Por qué nos hiere? Lepori ha manifestado que la Belleza coincide con el rostro de Cristo. “Juan Pablo II nos dijo que la evangelización está fracasando no porque no sea verdadera, sino porque se ejerce sin despertar el atractivo de Cristo en el corazón de los hombres”.

¿Cómo es la belleza de Cristo?, se interroga Lepori. “Es un misterio que nunca podremos poseer. La fascinación de Su rostro se encierra precisamente en el hecho de que transmite algo que, mientras vivamos, no terminaremos de descubrir”. Por ello, continuaba el abad, ante ella “sólo podemos estar como el último de los mendigos, como el hombre común que hace horas de cola para contemplar, durante unos instantes, la belleza de un cuadro de Rembrandt”.

El cisterciense señaló también que la belleza hiere porque nos humilla, nos arranca la seguridad a la que nos aferramos, y nos convierte en mendigos de algo que no podemos poseer”.

También se refirió a la belleza de la creación del ser humano, que “tiene que ver con todo lo que el hombre es: el ser humano se sintió definido por Dios frente a todo lo creado como la criatura en la que toda la bondad y toda la belleza encuentran su reflejo, su cumplimiento. El hombre, según Lepori, está hecho para acoger la belleza como don, como gratuidad.

El abad general afirmó también que “no hay nada más bello que la experiencia de la belleza en la amistad: vivir siendo conscientes de que el otro es un bien para mí y yo lo soy para el otro”.

Unas cárceles en Brasil sin policía

Otra de las actividades más relevantes de este encuentro ha sido la inauguración de la exposición “Del amor nadie huye, La experiencia de las cárceles APAC en Brasil”, revolucionarias por su método:  la misericordia. Está patrocinada por la ONG CESAL y el Ayuntamiento de Madrid.

Antonio Ferrerira, presidente ejecutivo de APAC, explicó que este método nació por iniciativa de un grupo de cristianos de la pastoral de Sao Paulo en Brasil, cuyo sistema penitenciario es conocido por ser el más duro y deshumanizado del mundo. Su fectividad es notoria y se está extendiendo como la pólvora a nivel nacional. En la actualidad existen 50 cárceles APAC en las que residen más de 10.000 presos y el ministro fiscal de Brasil ha pedido la creación de 30 centros más.

Los centros penitenciarios que regenta la Asociación de Protección y Asistencia a los Condenados (APAC), “no son como las demás cárceles”, define en un reportaje Alfa y Omega.  En su interior no hay policía ni funcionarios de prisiones; son los propios reclusos los que gestionan todo lo relativo a su funcionamiento. A quienes cumplen condena dentro no se les llama presos, ni internos, sino recuperandos.

En los centros APAC no se busca una redención gratis, sino que la vida en la cárcel lleve de verdad, gracias a la confianza y a la disciplina, a una recuperación total del ser humano en todas sus dimensiones. Son centros con un máximo de 200 detenidos, a los que se envía cerca de sus familias para que puedan visitarles.  

La tasa de reincidencia de los internos que cumplen condena en uno de estos centros es del 10-15 %, una cifra excepcional para Brasil. Nunca se ha organizado dentro ningún motín, y en toda la historia de APAC solo se han registrado dos fugas.

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