Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

Iglesia-Estado

Conforme a un estudio de Escuelas Católicas

Asignatura de Religión: Ciudadanos es laicista y no tolerante al proponer sacarla fuera de la escuela

El partido de Rivera considera que la fe pertenece exclusivamente al ámbito privado. El obispo de Alicante defiende que no se trata de una clase, sino de libertad

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

Un estudio de Escuelas Católicas sobre las demandas educativas de los padres clasifica a los progenitores según su religiosidad y pluralismo en seis perfiles: religiosos, cristianos culturales, liberales, estatalistas, tolerantes y laicistas. Los tolerantes son los  que con independencia de sus convicciones, opinan que las personas y organizaciones puede manifestar sus creencias en el ámbito público y creen que la escuela debe ofertar la asignatura de religión. Según esta división, Ciudadanos no es tolerante.

Albert Rivera y diputados de C´s en el Congreso. Albert Rivera y diputados de C´s en el Congreso.

Los laicistas, por el contrario, defienden que las convicciones religiosas pertenecen exclusivamente al ámbito privado. Sin embargo, este argumento choca frontalmente con la  libertad de expresión y religiosa, normativas que amparan el derecho a expresar en público las creencias.    

Pues bien, el programa de Ciudadanos defiende que la religión podría ofrecerse en los colegios fuera del horario escolar y al margen del currículo académico pero que la “fe no se enseña en la escuela, sino en casa”, ha manifestado Marta Rivera de Ciudadanos a Alfa & Omega.

Así, sobre la asignatura de religión el partido de Rivera no es tolerante: es laicista al igual que PSOE y Unidos Podemos. Su programa, según esta premisa, no respeta a más del 60% de los padres que pide la clase de religión en la escuela pública que es de todos.

Para estos tres partidos, la religión forma parte de la intimidad de la persona y de la familia, y debe estar fuera del ámbito público. “¿Se visibilizan todas las ideas e ideologías y quieren recluir la religión al ámbito privado?” se preguntan muchos padres que piden esta asignatura en la enseñanza pública.

Estos mismos padres no entienden porque estos partidos quieren sacar la clase de religión fuera de la escuela y, sin embargo, introducen otras materias impuestas por la ideología de género, según las últimas leyes LGTB.

La clase de religión, un bien para todos

La Conferencia Episcopal así como un buen número de obispos, están alzando la voz alertando sobre este derecho. Recientemente, el prelado de Orihuela-Alicante, Jesús Murgui Soriano, ha escrito una carta titulada “La clase de religión, un bien para todos”.

En ella, recalca que “es muy importante que nuestro país siga siendo un espacio de libertad donde las diferentes experiencias creyentes puedan narrarse, decirse y dialogar entre sí. Para continuar creciendo en libertad, para fortalecer una sociedad rica en valores y virtudes que enriquecen a toda persona, es necesaria la clase de religión. No se trata solo de una asignatura, hablamos de libertad. Casi dos millones de padres, en nuestro país,  solicitaron libremente durante el curso pasado, la asignatura de Religión para sus hijos en la escuela”. 

El obispo continúa que “los padres tienen que tener no solo este derecho en teoría, sino en la práctica, pudiendo educar a sus hijos en sus convicciones como ellos juzguen más adecuado. Esto es de pura lógica, si se vive en el respeto, en la libertad. Y esto lo tiene que hacer posible y garantizar el Estado. Si el Estado se identifica en este aspecto con una educación única para todos, no solo se impedirá a los padres una educación libre para sus hijos, sino que habremos caído en una concepción estatalista, con consecuencias  muy negativas para nuestra sociedad. Pues ya no es el pueblo, sus familias, las que deciden libremente sobre algo tan propio, sino aquellos que tienen el poder en un momento determinado los que deciden por ellos”.

Jesús Murgui insiste en que “por otra parte, se difunde intensamente una concepción del hombre que, elimina todo el sentido religioso de la persona. Censurar el sentido religioso es un reduccionismo de la persona, es despojarla de las dimensiones y preguntas fundamentales que le hacen buscar, que le hacen abrirse e interesarse por la realidad plena, por las cuestiones más hondas sobre ella misma, los demás y el mundo”.

·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·