Miércoles 22/11/2017. Actualizado 07:29h

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Familia

Afirma que los cuidadores rusos trataban a los niños con desprecio

Después de sufrir palizas en un orfanato ruso, a los diez años fue adoptado por padres españoles: “Me sentí hijo de Dios”

Dimitri Conejo prepara un libro en el que relata su vida llena de crueldad, abandono de la fe y volver a la Iglesia gracias a su familia

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Dimitri Conejo es un joven de 28 años que a los diez años fue adoptado, junto a su hermana de seis, por una familia española. Desde que nació hasta su adopción, vivió en un orfanato a las afueras de Moscú. El trato que recibió fue cruel: palizas diarias entre compañeros, desprotección e indiferencia por parte de los monitores. En su octavo cumpleaños, pidió un milagro a Dios.

Dimitri Conejo quiere mostrar su felicidad actual.  Dimitri Conejo quiere mostrar su felicidad actual.

Dimitri Conejo está terminando un libro en el que relata toda su vida. Su objetivo es animar a muchos a no desesperar, confiar en Dios a pesar de las angustias de la vida. Quiere plasmar el trato inhumano que recibió por parte de los cuidadores del orfanato para intentar cambiar algo las cosas.

“Lo peor no fueron las palizas de los otros niños, lo más desgarrador era el trato que recibías de los cuidadores. Te hacían sentir que no eras nada, que no servías para nada”, relata Dimitri a Religión Confidencial.

Sus padres biológicos eran alcohólicos y presos en la cárcel, motivo por el cual fue ingresado junto a su hermana, en un orfanato. A los siete años, un sacerdote ortodoxo, le habló de Dios. Sin embargo, a pesar de su corta edad, su reacción fue de enfado. “Le pregunté: ¿dónde está tu Dios? Porque de nosotros se ha olvidado”.

El milagro que le pidió a Dios

Aun así, el día anterior a su octavo cumpleaños, le pidió un milagro a Dios. “Yo no sabía ni que era mi cumpleaños. Me lo dijo la enfermera del orfanato. Esa mañana me levanté muy ilusionado y cuando todos mis compañeros se fueron de la habitación, me arrodillé y le pedí al Señor que, si alguien me preparaba una tarta, creería siempre en Él”.

Dimitri contó hasta tres. “Al final de la cuenta, una cuidadora me dijo que alguien me esperaba fuera. Era mi madre biológica que venía con una tarta. En todos los años que estuve en el orfanato, fue la única vez que vino a verme”, cuenta este joven católico a RC.

“El milagro de la tarta le dio muchos ánimos y fe en Dios. Pero a la vez, un sentimiento de odio y rabia hacia sus padres biológicos, se apoderó de él.

La adopción

A los diez años, fue adoptado por sus padres. Fue uno de los momentos más felices de su vida. “Fue la primera vez que me sentí hijo de Dios. La alegría fue tal que me ha costado describirla en mi libro”, cuenta a RC.

Durante los tres años siguientes sintió mucha felicidad. Pero a la edad de 13 años, en plena adolescencia, volvió a sentir ese resentimiento hacia todo, en especial hacia Dios. No entendía como un Padre tan bondadoso, podía permitir tanto sufrimiento.

Así que se enfadó con Dios y su vida comenzó a ir en picado. “Menos con las drogas y la prostitución, he coqueteado con casi todo lo malo. Me fue al ejército. Allí sentía que tenía madera de líder, pero influía a los demás de manera negativa y les utilizaba por mi propio interés. Sembraba el mal”, cuenta Dimitri.

Su rebeldía fue tal, -una vez hasta quiso cortarse las venas- que sus padres estuvieron a punto de divorciarse “por mi culpa. Continuamente le preguntaba a Dios: ¿por qué estás en silencio conmigo”.

Los Cursillos de Cristiandad

Sin embargo, Dios se mostró. Su madre realizó un cursillo de cristiandad, y tras ella, su padre. Y por fin, unos años más tarde, él, con 21 años. “Los cursillos nos ayudaron enormemente. Supusieron un antes y un después en nuestra vida, sobre todo en la mía.  Cristo volvió a entrar en mi familia y yo regresé de nuevo a la Iglesia”, relata este joven.

El consejo que da a los padres que adoptan niños: “El que he visto en los míos. Disciplina, cariño y austeridad. Lo peor que puede ocurrirles a estos niños, a nosotros los niños adoptados con cierta edad, es pasar de no tener nada, a tenerlo todo. Nos da la sensación de que vales por lo que tienes, y no por lo que eres”, afirma.

Hace poco se puso en contacto con sus padres biológicos a través de una red social. Sin embargo, el reencuentro tardará todavía en producirse.

Proyectos católicos

Desde su conversión, se dedica a iniciar proyectos que acerquen a la gente a Dios. Ha montado Cathopic, web en la que ofrece más de 5.000 fotografías católicas de alta calidad, profesionales y gratuitas al alcance de todos.

“Los protestantes hacen diseño de buena calidad. Creo que la Iglesia Católica necesita mejorar su imagen en Internet con recursos de calidad”, afirma.

También ha creado Mater Coeli, una web que facilita los pasos para consagrarte a la Virgen María.




Dimitri con su hermana, en el orfanato ruso. Dimitri con su hermana, en el orfanato ruso.

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