Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

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En voz baja

¿Por qué un homosexual no puede ser sacerdote?

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Las personas con tendencias homosexuales fuertemente arraigadas deben ser acogidas “con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta”, se lee en el punto 2358 del catecismo de la Iglesia Católica. Refrescada esta enseñanza, cabe recordar de nuevo algo que es importante distinguir: el sacerdocio no es un derecho, nadie adquiere el derecho a ser ordenado. En esto se distingue de otros sacramentos, el fiel bien dispuesto que reúne los requisitos y pide un sacramento (el matrimonio, la penitencia, etc.) tiene derecho a recibirlo, sería una injusticia si no se le administrara.

Denegar el sacerdocio a un varón con tendencias homosexuales no es discriminación. Se daría discriminación si hay un derecho. A esto alude la Santa Sede en el documento de 2005, en el n. 3, donde habla de llamada de Dios y discernimiento, y literalmente dice: "El solo deseo de llegar a ser sacerdote no es suficiente y no existe un derecho a recibir la sagrada Ordenación". Para ser sacerdote, además de la llamada, se debe reunir una serie de aptitudes, condiciones, etc. Pasa igual en otras circunstancias de la vida. El que es buen jugador de fútbol soñará con pertenecer a un equipo de primera, pero quizás no reúne todas las capacidades para ello.

En continuidad con la enseñanza del Concilio Vaticano II y, en particular, con el decreto Optatam totius sobre la formación sacerdotal, la Congregación para la Educación Católica ha publicado diversos documentos para promover una adecuada formación integral de los futuros sacerdotes. Uno de dichos documentos señala que el candidato al ministerio ordenado debe alcanzar la madurez afectiva.

Tal madurez lo hará capaz de ponerse en una correcta relación con hombres y mujeres, desarrollando en él un verdadero sentido de la paternidad espiritual hacia la comunidad eclesial que le será confiada. En este sentido, la Iglesia, respetando profundamente a las personas en cuestión, no puede admitir al Seminario y a las Órdenes sagradas a aquellos que practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o apoyan la así llamada cultura gay. En cambio, si se tratase de tendencias homosexuales que fuesen solo expresión de un problema transitorio, como, por ejemplo, aquello de una adolescencia aún no terminada, estas deben estar claramente superadas, al menos tres años antes de la Ordenación diaconal.

Un último inciso. A muchos no les gusta la definición “personas con tendencias homosexuales”. Pero así lo define el Catecismo de la Iglesia Católica. Y como señalan numerosos expertos científicos: aunque lo biológico predisponga, no determina.

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