Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

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En voz baja

El Papa no solo pide perdón a las personas gays: también a los pobres y por las veces que la Iglesia ha bendecido armas

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Los medios de comunicación se han hecho eco de la respuesta que el Papa Francisco da a una periodista durante la rueda de prensa en el avión de regreso de su viaje a Armenia. Así, la mayoría de los medios recogen únicamente las palabras del Papa referente a las personas homosexuales: “La Iglesia debe pedir perdón a las personas gays”.

Pero en esa misma respuesta, Francisco no se queda solo en pedir disculpas a los gays sino que va más allá. Afirma que la Iglesia debe pedir perdón por todas las veces que no se ha comportado como exige Jesucristo.

Esta es la respuesta íntegra que da el Papa y que publica la agencia de noticias del Vaticano a la pregunta de una periodista norteamericana sobre si la Iglesia Católica debería pedir perdón a la comunidad gay por haber marginado a estas personas.

“Yo repetiré lo que dije en el primer viaje y también repito lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica: que no deben ser discriminados, que deben ser respetados, acompañados pastoralmente. Se puede condenar, pero no por motivos ideológicos sino por motivos – digamos – de comportamiento político, ciertas manifestaciones un poco demasiado ofensivas para los demás. Pero esto son cosas que no tienen que ver con el problema: si el problema es una persona que tiene esa condición, que tiene buena voluntad y que busca a Dios, ¿quiénes somos nosotros para juzgarla? Debemos acompañar bien, según lo que dice el Catecismo. ¡Es claro el Catecismo! Después, hay tradiciones en algunos países, en algunas culturas, que tienen una mentalidad diversa con respecto a este problema.

La Iglesia debe pedir excusas por no haberse comportado tantas, tantas veces – y cuando digo “Iglesia” quiero decir los cristianos. La Iglesia es santa, ¡los pecadores somos nosotros! Los cristianos debemos pedir excusas por no haber acompañado tantas elecciones, tantas familias. Yo recuerdo de niño, la cultura de Buenos Aires, la cultura católica cerrada - yo vengo de allí.

Si  había una familia divorciada no se podía entrar en su casa. Estoy hablando de ochenta años atrás. La cultura ha cambiado, gracias a Dios. Como cristianos debemos pedir disculpas, no sólo sobre esto: ¡Perdón, no sólo disculpas! ¡Perdón, Señor! Es una palabra que olvidamos. Ahora hago de pastor y hago el sermón (risas) No, esto es verdad: muchas veces está el “cura patrón” y no el “cura padre”. El cura que regaña, no el cura que abraza, perdona, conforta. ¡Pero hay muchos! Tantos capellanes de hospital, capellanes de presos, ¡tantos santos!

Pero estos no se ven, porque la santidad es “pudorosa”, se esconde. En cambio, es un poco descarada la impudicia. Es descarada y se hace ver. Hay muchas organizaciones con gente buena y gente no tan buena.  O gente a la que tú das un sobre un poco gordo y miran a otra parte, como las potencias internacionales con los tres genocidios.

También nosotros los cristianos -curas, obispos- hemos hecho esto: pero también nosotros, cristianos, tenemos una Teresa de Calcuta, y muchas Teresas de Calcuta. Tenemos muchas monjas en África, muchos laicos, muchos matrimonios santos. El trigo y la cizaña. Y así dice Jesús que es el Reino. ¡No debemos escandalizarnos de ser así! Debemos rezar para que el Señor haga que esta cizaña acabe y haya más trigo. Ésta es la vida de la Iglesia. No se puede poner un límite. Todos nosotros somos santos porque todos nosotros tenemos el Espíritu Santo dentro. Pero somos - todos nosotros -  pecadores. Yo el primero. ¿De acuerdo? Gracias. No sé si he respondido. ¡No sólo excusas: perdón!

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