Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

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Diócesis

Misión en Venezuela

Vicario parroquial de su tierra con menos de dos años de sacerdocio

El padre Roger Xavier Mendoza “En Antímano ahora solo trabajamos dos sacerdotes. Dicen que hay entre 100.000 y 150.000 almas pero yo creo que hay más”

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De capellán universitario a vicario parroquial. El P. Roger Xavier, hasta hace un año se encontraba de capellán en una universidad madrileña. Llevaba apenas unos meses ordenado pero la obediencia y el amor a su país, a Venezuela, le hicieron volver para hacerse cargo de una de las zonas más difíciles del país. 


“Estas tierras lejanas, tierras de Dios, son extraordinarias para una buena semilla, que hay que sembrar, el problema es que hacen falta sembradores” explica este sacerdote. Cuando llegó, hace un año recordó la frase del Evangelio sobre Jesús “le daba lástima de la gente porque caminaban como ovejas sin pastor”. La misión es grande: solo son dos sacerdotes en Antímano para más de 150.000 almas. El cálculo de personas es difícil según ha contado el P. Roger a Religión Confidencial, puesto que las migraciones son constantes en el interior del país.

La historia de Antímano y de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario se remonta hasta muchos siglos atrás. 1607 es la fecha que aporta noticias sobre los primeros aborígenes. El pueblo, llamado entonces de San Pedro y San Pablo en un principio se fundó también en torno al siglo XVII y ya por entonces decían que “lo fundaron en un lugar que llamaban Antímano”. El P. Roger, como historiador, cuenta entusiasmado el recorrido de este pueblo que sufrió  presiones y dificultades en su camino a la fe. Desde siempre se recuerda allí la protección y veneración a la Virgen del Rosario, cuya imagen estaba ya antes de cambiar su nombre al de la reina de las victorias, Nuestra Señora del Rosario.

El P. Roger cuenta como a pesar de los problemas que allí tienen la Iglesia sigue siendo el centro en torno al cual  gira toda la vida de la gente. Uno de las principales dificultades que tienen es el de la inseguridad. Hay una amenaza constante que les obliga a vigilar cuidadosamente el patrimonio de la iglesia. “Sin ir más lejos, hace unos meses sufrimos una dolorosa profanación en la capilla de nuestra iglesia”, explica el pade. El sacrilegio fue en torno a la fiesta de Todos los Santos por lo que piensan que se quería utilizar el Santísimo para una de las misas negras que ciertas sectas satánicas celebran en esos días. “Con respecto a la evangelización es una situación dura, la gente cree en la brujería o la santería,  y hay una proliferación de las sectas protestantes”. El P. Roger dice que paralelamente también hay un crecimiento de la indiferencia religiosa con el consecuente relativismo moral que tiene afecta gravemente en la estructura de las familias. Considera que “es necesario que haya más agentes de pastoral para poder llegar a todos esos sitios en donde no se ‘puede llegar’ y esta última palabra es literal”.

La labor de la Iglesia es fundamental el este sentido. Se aprovecha la homilía para dar catequesis a aquellos que saben muy poco o nada de la fe pero que tienen el deseo de orar por sus difuntos y sus necesidades. Se ayuda mucho a los colegios porque es una etapa vital en la que muchos jóvenes se pierden en las drogas, en la corrupción o en otros problemas del ambiente. La tarea es ardua, dura y muy amplia pero como insiste el P. Roger “el trabajo es agotador, pero da mucha alegría pensar que los trabajos son sólo un día y la vida eterna para siempre…”

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