Lunes 23/10/2017. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

Los recortes llegan a la Curia

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La austeridad de Francisco traspasa sus elecciones personales y comienza a expandirse por Vaticano.

San Francisco de Asís tuvo una visión en la que Dios le pedía que reparara su Iglesia. Jorge Bergoglio, aún sin haber sido presentado al mundo como Sucesor de Pedro, eligió el nombre de este santo porque sabía que una de sus principales tareas, siete siglos después, sería precisamente esa: la de reparar la Iglesia.

Y ésto es lo que está intentando hacer y en esta ardua tarea no está solo. Ha pedido la ayuda de ocho cardenales de todas las partes del mundo para que le asesoren en los cambios y también en la mejor manera de llevarlos a cabo. Pero las cosas de palacio van despacio y la primera reunión de este grupo tendrá lugar en octubre y hay decisiones que no pueden esperar, por eso hay medidas que el Papa ha tomado, decidido e implantado sin esperar ni un momento, como la de anular la paga extra a los empleados vaticanos por la elección del nuevo Papa. En este caso, ese dinero irá a obras de caridad.

Y es que cambiar las cosas no siempre es agradable y esta medida es una de esas que a nadie le gustaría aplicar, pero por las que hay que empezar si realmente se quiere cambiar algo. Es normal que a los 4.500 trabajadores del Vaticano no les haya caído en gracia la supresión de este plus económico de entre 500 y mil euros. Pero es que haciendo cuentas y una vez que los trabajadores del Vaticano han cobrado las horas extras trabajadas, esa prima por elección de nuevo Papa resulta ser el total de unos 6 millones de euros para el Estado más pequeño del mundo.

Un cambio que el Papa empezó apagando luces innecesarias en durante una visita a la terza loggia del palacio vaticano. Allí, durante una visita inesperada, a las ocho de la mañana aún no había nadie en las oficinas, pero sin embargo todas las luces estaban encendidas. Francisco preguntó al conserje por qué este derroche, éste contestó al Papa con un sencillo: "Siempre se ha hecho así". Y precisamente, sin darse cuenta, el conserje dio en el clavo del principal problema del Vaticano: Inercias, costumbres y tradiciones que deben ser revisadas de vez en cuando para evitar que se pierda la razón por la que nacieron o que simplemente se hagan sin sentido. Después, Francisco fue apagando una a una las luces que sobraban y dijo que con lo que se gastaba en luces innecesarias se podría pagar el sueldo de un sacerdote.

Vivir en Santa Marta, estar en contacto con otras personas que también residen en este hotel vaticano le hace ser más consciente de lo que ocurre en el mundo real, aunque a veces, las decisiones que se tomen no sean siempre al gusto de todos, o en este caso, para el bolsillo de los trabajadores del Vaticano, pero es -sin duda- el precio de renovar la Iglesia.

@blancaruizanton

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