Sábado 21/10/2017. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

El padre del cardenal Cordero fue asesinado por los nazis en las Fosas Ardeatinas

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Benedicto XVI visitó el domingo pasado las Fosas Ardeatinas de Roma en recuerdo de las 335 víctimas fusiladas por las SS hitlerianas en 1944, en plena ocupación de la ciudad eterna, como represalia por un atentado contra 33 soldados alemanes de la resistencia italiana.

La Asociación Nacional de las Familias Italianas de los Mártires caídos por la libertad de la Patria, invitó al pontífice -como ya hiciera con Juan Pablo II y Pablo VI-, a visitar el memorial a las víctimas de la barbarie nazi.

La escena del Papa alemán depositando unas rosas rojas ante el monumento a las víctimas y su oración intensa, arrodillado ante las tumbas de los fallecidos, recordaba a la escena vivida en 2006, cuando visitó el campo de concentración de Auschwitz. En aquella ocasión, lanzó un grito para pedir a la humanidad que no olvidara Auschwitz y las otras “fábricas de muerte” donde el régimen nazi quiso eliminar a Dios para tomar su lugar, y pidió que “los seres humanos vuelvan a reconocer que Dios es padre de todos y llama a todos en Cristo a construir un mundo de justicia, de verdad y paz”.

Ante las Fosas Ardeatinas, afirmó que lo sucedido en aquel lugar “es una ofensa gravísima a Dios, porque se trata de la violencia deliberada del hombre contra el hombre. Es el efecto más execrable de la guerra, de toda guerra, mientras que Dios es vida, paz, comunión”. Terminó pidiendo a Dios que con la fuerza de su amor caminemos juntos “en paz en Roma, en Italia, en Europa y en todo el mundo”.

Durante su visita a las Fosas Ardeatinas, el pontífice estuvo acompañado por el cardenal Andrea Cordero Lanza di Montezemolo. Su padre, el coronel Giuseppe, fue una de las 335 victimas de la matanza por parte de los alemanes, el 24 de marzo de hace 67 años. Cuando tenía 19 años, Andrea fue uno de los primeros que excavó el lugar que los alemanes habían hecho explosionar para que no se descubrieran los restos, contribuyendo a encontrar los cuerpos de las personas asesinadas y participando en primera persona en la triste operación de reconocimiento.

En una entrevista realizada la víspera de la visita al mausoleo, el purpurado italiano señalaba que aunque la justicia debe seguir su curso, “humanamente es inútil seguir persiguiendo a los culpables de crímenes tan graves. Para el cristiano -concluía-, el perdón es un acto de amor que no exige nada a cambio”.

 

Alfonso Bailly-Bailliére

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