Miércoles 22/11/2017. Actualizado 07:29h

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Católicos

Una comisión en Australia investiga cerca de 4.500 denuncias

Los expertos afirman que los abusos a menores son una patología personal que no tiene que ver con el celibato

A pesar de los casos dentro de la Iglesia, el 90 por ciento de pederastas proceden de hombres heterosexuales y casados

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El Papa Francisco ha fortalecido la "tolerancia cero" ante los abusos sexuales desde el inicio de su pontificado.  El 22 de marzo de 2014, el Santo Padre instituyó la Comisión Pontificia para la protección de menores. Los casos de pederastia en la Iglesia han disminuido exponencialmente. Para prever y combatir esta lacra, es imprescindible la formación de los futuros sacerdotes, religiosos y frailes.

Miembros de la Comisión Pontificia de Protección de Menores. Miembros de la Comisión Pontificia de Protección de Menores.

La Comisión Pontificia para la protección de menores lanzó el pasado 6 de diciembre su nueva web para proporcionar información y dar a conocer sus trabajos de investigación. Otra de las medidas que ha tomado la Santa Sede ha sido reforzar la preparación de seminaristas. Así, la Congregación para el Clero del Vaticano publicó el pasado 8 de diciembre  “El Don de la vocación presbiteral, Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis”, documento que detalla una serie de instrucciones en la formación de sacerdotes católicos.

Religión Confidencial ha preguntado a la Orden de Predicadores (dominicos)  cuál es el perfil psicológico y afectivo que debe reunir un candidato al sacerdocio o fraile, fundamentalmente, de cara a evitar este grave delito y pecado de la pederastia.

“A todos los candidatos se les exige una personalidad equilibrada, lo que incluye madurez psicológica y afectiva, autoestima, capacidad de relación madura y entrega libre, capacidad para vivir de forma integrada los consejos evangélicos, en este caso especialmente el voto de castidad, capacidad de asumir responsabilidades sobre otros con recto criterio sobre la justicia, etc.”, explican a RC formadores dominicos.

Para estos formadores, los futuros frailes, ante todo, deben asumir “que todos somos seres sexuados, que la sexualidad es una dimensión esencial del individuo que no debe ser reprimida bajo ningún concepto”.  

Y explican:Los impulsos, sentimientos, deseos y necesidades han de ser reconocidos y deben aceptarse con naturalidad y agrado. Una vez identificados y asumidos pueden ser trascendidos y orientados hacia el camino continuo de superación que supone la castidad célibe, pero con realismo. A partir de ahí, la sexualidad célibe no se vive como una limitación sino como una posibilidad”, adecuándola en su realidad.

Celibato y homosexualidad  

Son muchas las voces que consideran que la pederastia se da en mayor proporción en aquellos sacerdotes o religiosos con inclinaciones homosexuales;  otras apuntan a que  si la Iglesia suprimiera el celibato, se acabaría con esta lacra.

Los formadores dominicos consideran que “no se debe a ninguna de las dos razones. Las diferentes estadísticas indican que el 90 por ciento de los abusos proceden de hombres heterosexuales y casados. Se trata de una patología que se debe a las características psicológicas y personales del individuo”.

Es más, no creen que la mayoría de los religiosos pederastas tengan inclinaciones homosexuales. “Los pederastas que son sacerdotes sufren la misma patología que el resto de abusadores y, por tanto, parten del mismo perfil psicológico y emocional”.

En una sociedad tan hipersexualizada, es complicado que los sacerdotes y religiosos vivan la castidad y el celibato. Para los dominicios, “es cierto que el contexto cultural y social actual lo plantea, en general, como algo inviable pero, por supuesto, es posible y así lo vivimos la mayor parte de los célibes. Hoy asistimos a una concepción de la sexualidad que dificulta la plena vivencia sexual de todas las personas, no solo de los célibes, aun así esa plenitud sigue siendo posible para todos”.

Los casos de Australia

Una comisión real australiana está investigando las cerca de 4.500 denuncias de abusos sexuales a menores por parte de miembros de la iglesia católica en Australia entre 1980 y 2015.

Según la abogada consejera de la comisión, Gail Furness, los niños fueron ignorados o, peor aún, castigados. Las denuncias no fueron investigadas. Curas y religiosos fueron reubicados. Las comunidades donde fueron trasladados desconocían su pasado. “El secretismo prevaleció, al igual que los encubrimientos", recoge la agencia Efe.

Esta comisión real tomará declaración a casi todos los obispos del país en varias vistas públicas que durarán hasta el 27 de febrero. La abogada Furness ha explicado que las denuncias apuntan a centenares de religiosos y 93 altos cargos de la iglesia, además de afectar a más de un millar de instituciones.

Los datos recopilados indican que el 78 por ciento de los denunciantes fueron varones y un 22 por ciento, mujeres. También revelaron que la edad media de las víctimas fue de 11,6 años en el caso de niños y de 10,5 en el caso de niñas, y que las víctimas tardaron una media de 33 años en presentar las denuncias después de que el supuesto crimen fuera cometido.

Estos datos han sido revelados durante el primer día de una serie de audiencias en las que se abordarán las denuncias de abusos sexuales, cómo afrontó estos casos la Iglesia católica en el pasado y cómo lo hace en el presente, entre otros asuntos. Durante estas vistas declararan seis de los siete arzobispos de Australia y líderes de las órdenes religiosas, entre ellos el arzobispo de Adelaida, Philip Wilson, considerado el más alto cargo de la jerarquía católica acusado de encubrir abusos a menores.

La comisión se estableció en 2012 para investigar la respuesta de las autoridades a los casos de abusos sexuales a menores cometidos en instituciones públicas, sociales, deportivas y religiosas. El Gobierno de Australia indemnizará a las víctimas de abusos sexuales cometidos en el seno de instituciones públicas y religiosas del país con hasta 150.000 dólares locales (114.850 dólares o 107.000 euros).

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