Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

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Católicos

Acudirá a la manifestación provida del 22-N

Javier Puente, diputado del PP, critica al Gobierno de Rajoy por la retirada de la ley del aborto

“El aborto es un fracaso de nuestra sociedad, si no defendemos la vida, ¿qué nos queda por defender?”, afirma el parlamentario

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Dentro de las filas del PP existe una profunda disconformidad en torno al reciente decisión del Gobierno de Mariano Rajoy de retirar la ley del aborto. Algunos miembros del partido ya han confirmado, como adelantaba en sus páginas Religión Confidencial, su asistencia a la manifestación convocada por más de 40 organizaciones provida el próximo 22 de noviembre en Madrid.

Javier Puente, diputado del PP por Cantabria y portavoz de Telecomunicaciones en el Congreso. Javier Puente, diputado del PP por Cantabria y portavoz de Telecomunicaciones en el Congreso.

Uno de los asistentes es Javier Puente, diputado por Cantabria y portavoz de Telecomunicaciones en el Congreso. Religión Confidencial ha podido recoger cuál es su posición respecto a la retirada de la ley del aborto.

Puente no entiende la decisión del Gobierno de no aprobar esta legislación, que acabó con la dimisión del ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, el pasado mes de septiembre, tras una clara postura provida del Gobierno desde la campaña electoral.

El diputado por Cantabria afirma que “El aborto es un fracaso de nuestra sociedad, si no defendemos la vida, ¿qué nos queda por defender?”, esperando que su partido recapacite y que se derogue la ley Aído.

En esta misma línea, insta al Gobierno a crear, mientras tanto, centros de apoyos a mujeres embarazadas, entrega de información de apoyo, ayudas psicológicas, ayudas económicas para aquellas situaciones complicadas. Apoyo para la conciliación laboral. “No existe nada como el amor hacia un hijo, y tenemos que generar la conciencia social de que es así”, sostiene.

Lea el texto completo remitido por el diputado Javier Puente a Religión Confidencial.

Con el máximo respeto expongo lo que en conciencia creo.

Como ya publiqué en una columna de opinión en El Mundo, el Gobierno de la nación debe aspirar a crear el máximo consenso posible, pero siempre desde la perspectiva de una sociedad solidaria y sensible, que no puede mostrarse indiferente al dolor ajeno ni a la indefensión de los más vulnerables.

Nada puede ser más digno y más progresista que defender la vida del más indefenso, del más débil, del más desamparado.

Me niego a pensar que el nasciturus sea considerado como un objeto material, como una cosa que merece un nivel de protección inferior al que se otorga a las plantas o a las especies animales. Estamos hablando de un ser humano, de una vida desamparada a la espera de alguien que la proteja; estamos aludiendo a un niño que quiere nacer para sonreírnos, para decirnos «papá, mamá, gracias por darme la vida», que a lo largo de su vida se relacionará con otros niños como él, con los que jugará y estudiará; y estamos refiriéndonos a alguien que, en el medio y largo plazo, se planteará tener su propia familia, sus propios hijos. Estamos refiriéndonos a alguien que podría cambiar nuestro mundo.

Vuelvo a reiterarlo: desde el máximo respeto, ¿qué tipo de sociedad estamos creando si no somos capaces de defender a los más débiles?; ¿es posible mirar hacia otro lado y soslayar un problema de colosales dimensiones sociales, morales y humanas?; ¿sobre qué columna vertebral aspiramos a consolidar el Estado social de Derecho expuesto en el artículo primero de nuestra actual Constitución?

En definitiva, cuando nos situamos ya a mediados del primer tercio del siglo XXI, me resulta incomprensible estar hablando de la necesidad de defender la vida. Creo que ha llegado el momento definitivo para subrayar que el aborto no es una cuestión que se identifique con un pensamiento ideológico determinado: ni hay una posición de izquierdas o de derechas ante este tema ni es un aspecto relacionado con ser conservador o ser progresista (una vez más insisto en que nada puede ser más progresista que la defensa de la vida y de la mujer embarazada). No podemos trivializar con un asunto que afecta tan hondamente a los seres humanos. Por eso, su tratamiento responsable y su adecuada resolución nos compete a todos porque incide en la ética y moralidad del conjunto de nuestra sociedad.”

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