Miércoles 20/09/2017. Actualizado 01:00h

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De Guindos, la contradicción y la credibilidad

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"Yo soy católico, pero no estoy en contra del matrimonio entre homosexuales, porque creo que en este tipo de cuestiones los derechos individuales son fundamentales. Lógicamente, no estoy a favor del aborto. Si una hija mía se viera en esa situación, siempre le recomendaría que no abortara. Pero tampoco modificaría la legislación actual". Son las palabras del ministro de Economía, Luis de Guindos, y forman parte de una entrevista que ha concedido a la resvista Forbes.

De Guindos es muy libre de mostrar la opinión que más oportuna considere pero lo que no puede hacer es argumentar a favor y en contra de la misma cuestión sobre la base de un relativismo mal interpretado en el que no se acepta para uno algo que se considera un mal -como el aborto para una hija- y sin embargo parecen no importar los hijos de los demás. El problema de las delcaraciones del ministro no radica tanto en que se declare católico y después contradiga la doctrina de la Iglesia -eso es, por desgracia, el día a día de millones de católicos hechos del mismo barro que Adán-. El problema es la contradicción que presenta en su argumento.

Un antiabortista que, a fuer de liberal, solo defiende que no haya aborto en su entorno, se convierte en un permisivo que admite la masacre de niños a los que no conoce pero reprocha la de aquellos a los que conoce. ¿No es bastante incongruente que defienda el bien en su casa y se despreocupe por el ajeno un servidor de la sociedad que ocupa un cargo de Gobierno? ¿Valen más los posibles nietos del ministro, a los que intentaría salvar de un aborto, que los hijos y nietos del resto, por los que no solo no se preocupa sino que los situa en la diana de una ley que ha convertido el aborto en un derecho?

Las incongruencias argumentales pueden costar caras. Y ya van demasiadas dentro del mismo partido. Al final, lo que se pierde es la credibilidad.

Zenón de Elea

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