El Santo Padre recibió ayer a la expedición rojiblanca en el Vaticano. El gesto del Papa ha sido consecuencia de la colaboración colchonera en las recientes Jornadas de la Juventud que se celebraron en Madrid el pasado verano. La Fundación del Atlético colaboró activamente en el evento y el club puso a disposición del nuncio su propio estadio para celebrar el fin de fiesta: un partido benéfico. No es nada fácil ni habitual que Benedicto XVI reciba a un equipo de fútbol y tenga una audiencia privada. En general una recepción de esta magnitud debe de solicitarse con meses de antelación.
Los capitanes, Enrique Cerezo y Miguel Ángel Gil Marín le hicieron una ofrenda compuesta por un lingote de plata con los escudos que ha tenido la entidad a lo largo de su historia, una réplica en bronce del Calderón, un recuerdo de las Jornadas Mundiales de la Juventud de Madrid, en las que el club participó, y una réplica de la Europa League y de la Supercopa de Europa. A las 12:30 los directivos tuvieron una recepción en la Embajada Española en la Santa Sede.
Un padre de todos, un padre agradecido, Benedicto XVI.
Zenón de Elea
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