Miércoles 20/09/2017. Actualizado 01:00h

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Vaticano

El sufrimiento de los cristianos en Oriente Medio entra en escena en las Congregaciones Generales

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En medio de un grupo de cardenales, se distingue rápidamente a un patriarca de una iglesia de rito oriental. Sus colores llamativos en algunos casos, sus numerosas cruces episcopales y sus klobuks -tocados negros heredados de los ortodoxos- les caracterizan. Generan un cariño especial en toda la Iglesia, sobre todo por el sufrimiento de sus comunidades debido a la violencia que reina en Oriente Medio. Por eso el Patriarca de los maronitas, monseñor Bechara Rai, ha entregado durante las Congregaciones Generales y a cada purpurado un informe al respecto. Así, los cuatro representantes de estas iglesias en comunión con Roma tratan de concienciar de la situación y el peligro en que viven sumidos.

"Tal vez no todos tienen en mente lo que ha sucedido durante los últimos años. De Irak, después de Sadam, huyeron un millón y medio de cristianos. De Aleppo han huido por lo menos el 60 por ciento. En Homs ya no hay ni un solo cristiano. En Egipto, la Iglesia copta todavía tiene fuerza, pero con las nuevas leyes que se inspiran en la sharia todo será mucho más difícil. Y también hay problemas en la Tierra Santa". Con esta firmeza, aclaraba el patriarca maronita el contenido de un documento que ha hecho llegar a cada elector del cónclave.

¿Quiénes son y quién representan?

De los 115 componentes del Colegio elector, cuatro forman parte de las iglesias de rito oriental: el patriarca de Antioquía de los Maronitas, Béchara Boutros Raï; el patriarca emérito de los copto-católicos, Antonios Naguib; el arzobispo mayor de Ernakulam-Angamaly y cabeza de los siro-malabares (proceden de los caldeos), George Alencherry; y el arzobispo mayor de Trivandrum y Catholicós de los siro-malankares (procedentes de los siro-católicos), Moran Mor Baselios Cleemis. Todos ellos recibieron la dignidad cardenalicia de manos de Benedicto XVI.

El primero de ellos, que gobierna a más de tres millones de fieles, ha entregado un informe en su nombre y en el de los otros obispos de rito oriental para ilustrar al resto de cardenales sobre la situación crítica en Oriente Medio. Algo no solo común a ellos, sino al resto de iglesias en comunión con Roma presentes allí (armenio-católicos, siro-católicos, melquitas o caldeos) y cuyos patriarcas y arzobispos mayores no poseen la birreta roja o que sobrepasan los ochenta años -el patriarca greco-católico ucraniano, Husar, por solo dos días-. Muchas de ellas viven como víctimas colaterales los conflictos ocasionados por el fundamentalismo islámico y las diversas tensiones políticas de una zona similar a un polvorín.

Un panorama de opresión, cuando no de persecución

Para el resto del globo, sobre todo para prelados más lejanos desde el punto de vista geográfico, esta situación se tiende a analizar bajo criterios mundanos. Bechara Rai se ha expresado sin pelos en la lengua en una entrevista a Rome Reports: "Es necesario que todos sepamos lo que está pasando en el Medio Oriente hoy, que no tiene nada que ver con la llegada de la democracia. Los intereses políticos de fuerzas extranjeras pretenden desestabilizar toda la región y fomentar conflictos interconfesionales entre los musulmanes. Y cuando llega el caos, los cristianos se convierten en víctimas inocentes".

La tierra en la que nació Cristo corre serio riesgo de ver reducido al mínimo el número de cristianos. Pese a los mensajes enviados desde la Santa Sede, parece que no es suficiente y que habrá que articular medios para acercarse más y mejor al sufrimiento de estos hermanos en la fe. Por los menos, los padecimientos han provocado un refuerzo de las relaciones con las iglesias ortodoxas de las que descienden las católicas de rito oriental. Pero el ecumenismo se desarrolla con mayor fruto cuando no hay guerras de por medio.

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