Martes 25/07/2017. Actualizado 01:00h

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Vaticano

Los que conviven sin casarse están en una situación distinta

El secretario del Consejo de Cardenales confirma que no todos los divorciados vueltos a casar podrán comulgar

Solo aquellos que vivan un compromiso cristiano y que no puedan volver atrás. Recibirán la Eucaristía y podrían seguir manteniendo relaciones conyugales

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Monseñor Marcello Semeraro, obispo de la diócesis italiana de Albano y secretario del Consejo de Cardenales del Papa, ha presentado en la Universidad Pontificia de Comillas la exhortación apostólica de Francisco Amoris Laetitia, libro editado por Romana Editorial. Su conferencia se centró en explicar el discernimiento que deben llevar a cabo las personas divorciadas de un primer matrimonio católico y vueltas a casar civilmente de cara a la participación de la Eucaristía.

Lluís Sistach, Carlos Osoro, Julio Martínez, Marcello Semeraro y Pablo Guerrero. Foto: Alfa y Omega. Lluís Sistach, Carlos Osoro, Julio Martínez, Marcello Semeraro y Pablo Guerrero. Foto: Alfa y Omega.

Tras la conferencia, y en declaraciones a Religión Confidencial, el secretario del Consejo de Cardenales confirmó que su discurso se había centrado en distinguir los católicos casados de nuevo civilmente de los que están conviviendo con su pareja sin matrimonio civil.  

“El punto 298 de la Amoris Laetitita habla de una segunda unión consolidada en el tiempo, conocimiento de la irregularidad de su situación y gran dificultad para volver atrás sin sentir en conciencia que se cae en nuevas culpas. Al casarse civilmente han dado un paso adelante y no puede volver atrás. Su situación es distinta a las parejas que conviven puesto que no han dado ese paso adelante”, explicó Marcello Semeraro.  

El obispo matizó que, “al dar ese paso adelante, consolidar un matrimonio civil, con nuevos hijos, con probada fidelidad, entrega generosa, compromiso cristiano, piden  ayuda y orientación en su situación”.

Expresar su afecto

Este Confidencial insistió sobre ese punto: si, tras un reflexionado discernimiento y con ayuda de la dirección espiritual,  se llega a la conclusión que algunas de estas personas pueden comulgar ¿deben vivir como hermano y hermana o pueden seguir manteniendo relaciones conyugales? Marcello Semeraro explicó que en este punto, Amoris Laetitia da un paso sobre la Familiaris Consortio,  la exhortación apostólica que escribió san Juan Pablo II sobre la unidad familiar.  

 “¿Qué significaría que vivan como hermano y hermana personas que tienen hijos? El paso que da adelante Amoris Laetitia con respecto a Familiares Consortio es que puedan expresar su afecto en su situación, y aquí es donde entraría el acompañamiento y la guía del director espiritual”, afirmó el secretario del Consejo de Cardenales.

Y añadió: “No es una relación hermano y hermana, sino conyugal. Son personas que tienen hijos y tienen entre ellos una responsabilidad en su relación. Gaudium et spes (la constitución pastoral que escribió el beato Pablo VI sobre la alegría y la esperanza) dice que aquellos matrimonios que se abstienen de tener relaciones conyugales ponen en peligro su relación, pudiendo cometer infidelidades”.  

Familiaris Consortio no admitía la comunión

Durante su conferencia, monseñor Marcello Semeraro recordó que fue san Juan Pablo II quien impulsó el discernimiento, en el punto 84 de la Familiaris Consortio (la unión familiar) titulado “divorciados y casados de nuevo”. En éste, el papa Wojtyla pide a toda la comunidad cristiana que “ayuden a los divorciados, procurando con solícita caridad que no se consideren separados de la Iglesia, pudiendo y aun debiendo, en cuanto bautizados, participar en su vida”.

Pero en este mismo punto, aclara: “La Iglesia, no obstante, fundándose en la Sagrada Escritura, reafirma su praxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez. Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado de vida contradice objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio”.

Durante su conferencia, el secretario del Consejo de Cardenales recordó que la palabra acompañar es una constante en el pontificado de Francisco. “¿Qué es necesario para este discernimiento y acompañamiento? En primer lugar, la condición necesaria de humildad, la búsqueda sincera de la voluntad de Dios. Los divorciados vueltos a casar civilmente no estarían en condiciones de humildad si hicieran alarde de su condición irregular y que forma parte del ideal cristiano su situación de pecado objetivo”.

Sobre el discernimiento, insistió en la explicación de Francisco: “Es en el foro interno donde se produce un debate, junto al sacramento de la penitencia, el verdadero lugar del discernimiento”. Semeraro indicó que hay personas que en su foro interno tienen conciencia de que su primer matrimonio no fue válido, pero no lo pueden demostrar.

¿Quién cuestiona Amoris Laetitia?

En esta presentación también intervinieron el arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, el cardenal Lluís Martínez Sistach; el rector de la Universidad Pontificia de Comillas, el padre jesuita Julio Martínez y el profesor de teología pastoral de Comillas Pablo Guerrero.

Guerrero afirmó que la novedad de Amoris Laetitia es que no cambia nada en temas de doctrina pero cambia todo, porque una cosa es el depósito de la fe y otra como se adapta. “Esta exhortación apostólica del Papa es fruto de dos sínodos de obispos. ¿Cómo es que algunos ponen todavía en tela de juicio que la Amoris Laetitia no es un documento pontificio, del magisterio de la Iglesia?”, señaló durante su disertación.