Domingo 24/09/2017. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

Vaticano

La reforma de la Curia, un asunto necesario

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

Hasta los cardenales comentan abiertamente en entrevistas que una de las principales tareas del próximo Pontífice pasa por depurar la Curia. El aparato vaticano necesita una limpia que despeje dudas acerca de la fiabilidad de la Iglesia, lo iguale en cuanto a espiritualidad y eficacia humana y reduzca la carga económica que implica. Además de evitar la repetición de casos como Vatileaks, se impone un aligeramiento burocrático que agilice trámites y procesos. Urge también una renovación que traiga aire fresco y mate carrerismos y erradas ansias de poder en la sombra.

George Weigel, el biógrafo de Juan Pablo II, ha expresado ayer que "hay convencimiento de que la Curia está siendo un problema para la Nueva Evangelización que necesita el mundo". Últimamente, parece que la burocracia vaticana pone más trabas que soluciones a las intenciones papales. Y el advenimiento de Francisco, relativamente lejano a cualquier tipo de manejos romanos, puede contribuir decisivamente a remover los cimientos.

¿Partidos en la Curia?

Uno de los principales problemas que se encontrará el nuevo Papa radica en la existencia de camarillas. De los 115 que componen el Sacro Colegio, 40 forman parte directa de estructuras curiales y muchos otros participan habitualmente en consejos y dicasterios. De esa cuarentena, prácticamente todos provienen de la carrera diplomática y no han pasado por una experiencia pastoral, por lo que sus preocupaciones y su conocimiento de lo que se cuece en la calle es bastante menor. En su mayoría copado por transalpinos, el mantenimiento de su poder pasaba por un candidato que no hiciera tabula rasa del estado actual.

El otro sector, que la prensa ha nombrado 'de los pastoralistas', vive lejos del Vaticano y destaca precisamente porque tiene lo que le falta a la Curia: contacto con la gente de a pie. En este campo, habría que incluir a los norteamericanos y a buena parte de los latinoamericanos. Según se decía en las quinielas, el italiano Scola también se encuadraría en este grupo.

Francisco, no asociado a ninguno de los dos bloques, está realzando el valor de la caridad y la fraternidad. Ojo, todavía camina por los primeros días de pontificado, pero no olvida la tarea pendiente que el propio Ratzinger le ha podido comunicar en la comida que compartieron al día siguiente de la proclamación. De momento, el argentino no ha movido ficha, pero la partida de ajedrez apenas acaba de empezar. Por eso el propio portavoz vaticano, el jesuita Lombardi, recalcó ayer que el Papa no tiene "ninguna prisa particular por leer el informe sobre Vatileaks", el cual figura en manos de monseñor Ganswein, el secretario del Papa emérito y prefecto de la Casa Pontificia.

La oposición a algunas decisiones papales

Benedicto XVI conocía el problema existente antes de ser nombrado. Como prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, mantenía contactos con otros jefes de dicasterios y consejos vaticanos, como el del Clero o los Obispos. Y cuando fue nombrado sucesor de Juan Pablo II, vio que había llegado el momento de poner los puntos sobre las íes. Sacó a la luz aquellos casos de pedofilia que afectaban a la Iglesia, bien por acción directa o por encubrimiento, promovió el cumplimiento de la responsabilidad civil de los que hubieran cometido faltas de este perfil y se mostró inflexible con el cargo de los culpables: ya fuera seminarista u obispo, 'el que la hizo, la pagó'.

Desafortunadamente, ad intra no todos compartían este pensamiento. La actitud decidida del Papa reabrió viejas heridas entre cardenales, sobre todo entre los que consideraban que los trapos se lavan mejor dentro de casa. Pero el Pontífice, con buen sentido, vio que la podredumbre corría el riesgo de contagiar a los miembros sanos del cuerpo eclesial. Por de pronto, Francisco ya advirtió al ex arzobispo de Boston, Bernard Law, que no quería verle en la Basílica de Santa María la Mayor, donde reside. Aviso a navegantes: cuando se yerra de este modo, solo queda penitencia y retiro.

Algo parecido sucedió en la relación con los musulmanes. Benedicto XVI se ha mostrado especialmente cuidadoso, pero sin callarse la verdad. Algunos imanes mahometanos reaccionaron furibundamente al discurso de Ratisbona, lo cual resulta sencillo y lógico de entender: su religión, al revés que el cristianismo, no admite un profundo entramado entre fe y razón. El Corán lo dictó Dios directamente, por lo que no hay lugar a la interpretación. En la Iglesia, el Magisterio posee la facultad para ejercer esta labor. En ese contexto, el alemán bautizó en la catedral de San Pedro y en el Domingo de Pascua, día muy significativo, a Magdi Allam (antiguo subdirector del Corriere della Sera convertido a la fe desde el Islam). Este 'atrevimiento' provocó comentarios acerca de la conveniencia de realizar un acto así con todos los focos encima; algún cardenal italiano opinó que el ya obispo emérito de Roma sería el siguiente objetivo del fundamentalismo.

Promoveatur ut amoveatur

Este dicho latino hace referencia a la costumbre de promover a algún cargo hacia otro más importante pero más inútil con tal de restarle influencia práctica. Por decirlo de otro modo, se trata de sacar a una persona de un puesto de la única forma posible para que parezca sutil: ascenderle. Así, el promovido pasaría a ocupar un status honorífico y dejaría sitio para otro miembro más válido. Esto se combina con el llamado principio de Peter, que afirma que cada miembro de una jerarquía tiende a ser promovido hasta su nivel de incompetencia, donde se detiene.

Generalmente usado en términos burocráticos, en la Iglesia también se aplica. Así, determinados sacerdotes con pecados morales graves y públicos han cambiado de pueblo o parroquia para disipar el mal ejemplo a nivel local. En ocasiones, elevados a arciprestes, vicarios diocesanos o incluso más arriba. Si observamos globalmente, el Vaticano alberga entre los miles de seminaristas y clérigos que terminan sus estudios en la Lateranense o la Gregoriana a muchos de estos 'exiliados'. Aunque la limpia ha comenzado, todavía perviven costumbres de este tipo. Qué decir si alguno es promovido al orden episcopal o llega a recibir la dignidad cardenalicia, con el peligro que generan noticias acerca del pasado. El escocés O'Brien lo ha 'sufrido' en carne propia. Y no supone ningún bien para la Iglesia.

La gestión económica

Una de las áreas que ha dado más quebraderos de cabeza al Vaticano radica en el Instituto para las Obras Religiosas, el organismo encargado de manejar y controlar los recursos financieros de la Santa Sede. Estos permiten sostener a multitud de sacerdotes en el mundo y de contribuir a abundantes obras de caridad. Desde los tiempos del Banco Ambrosiano, las contrariedades se han sucedido sin demasiada claridad. Se colocó a Ettori Gotti Tedeschi, banquero católico cercano a Comunión y Liberación y al Opus Dei, como presidente, pero al final se le destituyó en medio de graves acusaciones.

Benedicto XVI apuró hasta el final para designar a una nueva cabeza: el puesto recayó en el barón alemán Ernst von Freyberg, un abogado cualificado para esta labor. Miembro de consejos de empresas de trabajo temporal, de firmas de administración de activos y de una compañía de astilleros, intentará lidiar con la polvareda de escándalos de blanqueo de dinero que está investigando la justicia italiana. Cuanto antes se aclaren las cuentas, mejor para el Papa y para la comunidad cristiana.

Las declaraciones de los cardenales

Ante la premura que se ha instalado en la opinión pública por resolver el problema, varios prelados han elevado la voz para posicionarse a favor. El brasileño Hummes, el primero que felicitó a Bergoglio tras conocerse que tenía los votos necesarios en el cónclave, ha declarado que "la reforma de la Curia fue muy discutida en las reuniones previas al Cónclave", en las Congregaciones Generales.

Opinión que comparten casi todos los purpurados, lo digan públicamente o no. El alemán Kasper ha expresado que necesita una "revolución" y el estadounidense Dolan, siempre elocuente, ha admitido que centralizó las conversaciones previas a la elección del Pontífice. Si no se acomete esta reforma a tiempo, se puede caer en la sentencia tomada de la película El gatopardo: "Si queremos que todo siga como esta, necesitamos que todo cambie".

·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·