Jueves 17/08/2017. Actualizado 01:00h

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Vaticano

El mapa y las características de los cardenales no electores

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Ya no pueden votar en el cónclave, pero sus consejos y su experiencia siempre cuentan a la hora de inclinar la balanza en favor de uno u otro cardenal. Incluso se les puede escoger. ¿Y si el próximo Papa viniera en esta lista? Los no electores, los mayores de ochenta años, responden a una distribución bastante similar a la de los electores: amplia mayoría europea con fuerte presencia de italianos seguida por hispanoamericanos, norteamericanos, asiáticos y africanos. Algunos ya cerca de la centena, otros con la posibilidad de elegir recién perdida. Un tercio trabajó -o todavía lo hace- en la Curia, bien en el aparato vaticano o en los Consejos Pontificios.

Todos pasan de ochenta y la mayor parte goza de un merecido descanso dedicado a la oración y al servicio a la Iglesia del modo en que Benedicto XVI pasará a hacerlo a partir del día 28. Acumulan largo tiempo de experiencia y de fidelidad a Jesucristo y eso se valora en un cónclave que ha de resolver los desafíos de los nuevos tiempos y del siglo XXI con la perenne doctrina que sostiene a la Santa Sede. Pese a que la norma posibilita escogerles como Pontífices, ninguno figura entre los papables. Aunque el entonces cardenal Ratzinger también avanzaba hacia este grupo en 2005 y comandó los destinos de la barca de Pedro durante casi ocho años.

Noventa y dos cardenales, que junto a los 117 electores (al margen de que el indonesia Darmaatmadja y el escocés O'Brien hayan confirmado que no asistirán, parece que el boliviano Terrazas y el egipcio Naguib finalmente sí), conforman la totalidad del Sacro Colegio, 210. Algunos poseen esa dignidad desde hace treinta años, como el emérito de Sao Paulo, monseñor Arns, quien recibió el capelo rojo en el cónclave de marzo de 1973. Un buen grupo ha entrado tras cumplir los ochenta, con lo que el Papa otorga el cardenalato como reconocimiento a la labor realizada y con un claro mensaje de ayudar a los más jóvenes en momentos como los actuales. A nadie escapa que su discernimiento resultará especialmente necesario este próximo mes de marzo.

Por continentes, se distribuyen de la siguiente manera: el grueso lo forman 54 europeos, de los que 22 proceden de Italia; completan 11 hispanoamericanos, 9 norteamericanos, 8 asiáticos, 7 africanos y 3 de Oceanía. Si se compara con el mapa de los cardenales electores, se observa un reparto bastante similar. De 115, 61 europeos (28 italianos), 19 hispanoamericanos, 17 norteamericanos, 11 africanos, 10 asiáticos y 1 de Oceanía. Así se refleja porcentualmente la deriva de electores respecto de no electores: los europeos disminuyen de un 58,6 a un 53,9% (los transalpinos preservan su 24%), los hispanoamericanos ascienden de un 11,9 a un 16,5% y los norteamericanos de un 10 a un 14,7%. Los africanos también experimentan una subida del 7,7 al 9,5% y los asiáticos se mantienen entorno al 8,7%. La sola presencia del cardenal Pell, arzobispo de Sydney, sí representa una bajada respecto del trío de no electores que presenta Oceanía.

Por edad, la lógica mayoría la tienen los más cercanos al límite de elección: tres cuentan con más de 95 años y otros trece superan los noventa, mientras que 36 se sitúan entre los 85 y los 90 y 48 constituyen el núcleo más joven. El más veterano es el cardenal Tonini, emérito de Rávena-Cercia, con 98 primaveras. Casi un tercio de los mismos, al margen de trabajos pastorales, han desempeñado algún cargo en la Curia o todavía lo tienen. Algunos muy destacados como la secretaría de Estado, que ocupara el cardenal Sodano, o el Camarlengo, en manos del español Martínez Somalo cuando falleció Juan Pabló II.

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