Domingo 24/09/2017. Actualizado 01:00h

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Vaticano

“Nuestra misión es llevar a Jesús al hombre y conducir al hombre al encuentro de Jesús”

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Un hombre de oración, un hombre pegado a Jesús. Así está demostrando ser el Papa Francisco en sus primera alocuciones públicas en este pontificado. En la cita que mantuvo con los cardenales, y en la que fue recibido con una cerrada ovación, hizo la primera mención a los "nuevos métodos de evangelización para llevar el evangelio a todos los confines del mundo".

De nuevo con la sencillez como principal característica, el Papa Francisco se dio cita con los mismos cardenales con los que había compartido cónclave y congregaciones generales. En su discurso, que no pudo arrancar hasta que no pararon los cerrados aplausos que le regalaron, volvió a hacer hincapié en la importancia de que la Iglesia anuncie a Cristo: "Nuestra misión es llevar a Jesús al hombre y conducir al hombre al encuentro de Jesús, realmente presente en la Iglesia". Y por segunda vez, en su pontificado, mencionó al demonio: "Jamás cedamos al pesimismo, a esa amargura que el diablo nos ofrece cada día. No hay espacio para el pesimismo o el desaliento".

Para conseguir esa fortaleza necesaria animó a recurrir al Espíritu Santo que "nos da la valentía para perseverara en nuevos métodos de evangelización para llevar el Evangelio a todos los confines del mundo", explicó el Santo Padre. Al mismo tiempo, pedía "renovado amor" para esta empresa que consiste en ayudar "a la Iglesia a transformarse más en Cristo y con Cristo".

Recurrió a la imagen de la "primera expansión" del cristianismo para recordar que el mensaje tiene que seguir siendo el mismo porque esa realidad cristiana es "atractiva y persuasiva".

Entre los detalles de humanidad, cercanía y amistad que ya caracterizan a este Papa, volvió a recordar con enorme cariño a Benedicto XVI, al que aludió como "mi venerado predecesor" y del que destacó su "fe, humildad y docilidad". Y también tuvo cariñosas palabras para el cardenal Mejía, al que visitó por sorpresa en el Hospital donde está ingresado tras sufrir un ataque al corazón.

Ayer también mostró un detalle de sencillez: no habrá zapatos rojos, sino unos negros, los suyos. Y sigue con la cruz episcopal plateada colgada al cuello cuando los Papas suelen portar una dorada.

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