Domingo 20/08/2017. Actualizado 01:00h

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Vaticano

Monseñor Jesús Sanz Montes: “El mensaje del Papa Francisco puede molestar a los coleccionistas de lo pasado y a los de lo futuro”

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El franciscano monseñor Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo, responde a algunas de las grandes cuestiones que plantean las líneas del Pontificado de Francisco.

¿Cómo se explica la riqueza de la Iglesia desde la pobreza que el Papa quiere para la Iglesia?

La riqueza de la Iglesia es un precioso patrimonio de caridad, de fe y de esperanza con el que los cristianos hemos tratado de dar gloria a Dios y bendecir a nuestros hermanos, especialmente los más necesitados, a través de los dos mil años de cristianismo. Esa es la riqueza más querida y la más necesaria, que se expresa en el testimonio del amor, en la belleza del arte, en la verdad del pensamiento. Luego hay otro tipo de riqueza que representa la opulencia, el poder, la seguridad. Este segundo concepto de riqueza se opone tanto a Dios como a los hermanos, porque desplazan tanto a uno como a otros. Una Iglesia "pobre" y para "los pobres", no se contradice con el primer concepto de riqueza, sino solo con el segundo.

¿A quién puede molestar el mensaje del Papa?

Entiendo que se pueden molestar los que vean sus seguridades conservadoras o vanguardistas puestas en entredicho. El Papa Francisco lo decía en la homilía de la Misa Crismal, cuando no se busca la gloria de Dios, la belleza de lo sencillo, la fidelidad a la Iglesia, entonces es fácil terminar siendo un "coleccionista de antigüedades o coleccionista de novedades". Si esto sucede es que ya no se busca a Dios al que dar gloria, sino el gusto estético de lo antiguo por ser antiguo, o el ansia de lo novedoso precisamente por serlo. Ambos extremos han protagonizado en exceso todo este largo periodo postconciliar. La verdadera hermenéutica, es decir, la adecuada interpretación es la que Benedicto XVI ya indicó: no romper, sino integrar. Se puede romper por exceso o por defecto, por una afición coleccionista del pasado o una afición coleccionista de lo futuro. Sólo la sincera búsqueda del Señor en la comunión filial de la Iglesia, nos permite ser libres y respetuosos. A éstos jamás molestarán los gestos del Papa.

¿Por qué ha hecho hincapié el Papa en que la Iglesia no puede ser una ONG piadosa?

Entiendo que cualquier reduccionismo de la Iglesia a un tipo de solidaridad que no sabe por Quién actúa, en nombre de Quién lo hace, puede terminar confinando al cristianismo como una multinacional de servicios altruistas. En un mundo violento, prepotente y corrupto, no sería ya poco. Pero la Iglesia es algo más que una organización honesta. El punto de partida y el de llegada es Cristo vivo, del que somos testigos los cristianos. Por Él hacemos lo que hacemos, amándole a Él y a los que Él ama. Perder de vista esta perspectiva, es haber reducido la Iglesia a una organización de solidaridad piadosa.

¿Podría el mensaje de este Papa dar alas a los pocos representantes de la teoría de la liberación que quedan?

El entonces cardenal Ratzinger, explicó en los años '80 que hay una teología de la liberación que es correcta porque acerca a los pobres reales la esperanza de Cristo, de su gracia y su evangelio, mientras que hay otras que no lo son porque utilizan un método dialéctico marxista que termina en la revolución de clases. Estoy convencido que el Papa Francisco no se mueve en una línea distinta de sus predecesores. Esta ha sido también su trayectoria como religioso jesuita y como obispo: una cosa es amar a los pobres y comprometerse evangélicamente con ellos en comunión con la Iglesia, y otra es confundir ese amor con una ideología política y revolucionaria que termina por desplazar el fondo y la forma de lo que el cristianismo ha hecho y seguirá haciendo.

¿Pobreza significa rechazo a la liturgia?

No veo la relación que puede haber entre liturgia y pobreza. La liturgia es la expresión orante del diálogo de la Iglesia con el Señor a través de las plegarias, las preces, los sacramentos. Dios nos da su gracia y nosotros lo celebramos litúrgicamente. La pobreza no debe "empobrecer" ese gesto oracional y celebrativo, aunque sí lo puede educar para que la debida dignidad y belleza que toda liturgia entraña, no sea confundida con una puesta en escena que contradiga el culto en espíritu y verdad al Dios vivo. La liturgia y la pobreza se encuentran en la sencillez evangélica: una hermosa virtud a no confundir con la simplonería ni con lo chabacano. Puede haber una sencillez que dé dignidad a la liturgia, observando lo que ésta es según el parecer de la Iglesia y evitando alguna parafernalia que confunde la gloria debida a Dios con la pompa de nuestro boato. San Juan Crisóstomo tiene páginas preciosas al respecto.

¿Cómo entendía este aspecto san Francisco de Asís?

San Francisco tenía un cuidado sumamente delicado hacia la Palabra de Dios, hacia la santa Eucaristía, la devoción a la Virgen María y a los santos. Igual se mostraba en el uso y cuidado de los vasos sagrados, de los manteles del altar y de los lugares de la oración. El Poverello de Asís es una preciosa indicación de cómo se puede ser sencillo y al mismo tiempo exquisitamente fiel al culto debido al Señor y a cuanto la Iglesia nos indica con su autoridad y competencia.

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