Viernes 18/08/2017. Actualizado 01:00h

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Vaticano

"La barca de la Iglesia no es mía, no es vuestra, es de Dios", la última gran catequesis de Benedicto XVI

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Ante una plaza de San Pedro abarrotada, con más 50.000 asientos reservados para personalidades, Benedicto XVI se despidió en la que será su última audiencia desde la Sede de San Pedro. El Papa ha asegurado estar "realmente conmovido" ante una Iglesia "viva" de la que percibe sus oraciones.

"Gracias de corazón. Estoy realmente conmovido y veo a la Iglesia viva". Benedicto XVI iniciaba así el último mensaje que iba a pronunciar en una audiencia pública como encargado de pastorear la Iglesia universal. Y miles de personas quisieron acompañarlo en una plaza de San Pedro abarrotada en la que también estaban muchos obispos y cardenales.

El mensaje de esta postrera catequesis ha vuelto a incidir en la Iglesia, en la misma línea que había mantenido en sus últimas alocuciones, en las que ha hecho hincapié en su fidelidad a la esposa de Cristo. "La barca de la Iglesia no es mía, no es vuestra, sino que es suya y el Señor no deja que se hunda", dijo en referencia a los muchos comentarios que hablan de crisis en el seno de esta institución.

Benedicto XVI no ha querido desaprovechar este momento para recordar algunas cuestiones relacionadas con el Año de la Fe. Por eso, con una sencillez y una cercanía a sus fieles sorprendente, explicó cómo se sintió al aceptar su ministerio: "Señor, por qué me pides esto, tengo un gran peso a la espalda pero si tú me lo pides, lo aceptaré y seguro que tú me guiarás con todas mis debilidades. Ocho años después puedo decir que me ha guiado. He podido percibir su presencia".

En medio de las numerosas polémicas con las que los medios de comunicación están sometiendo el cónclave, el Papa también quiso recordar que la Iglesia ha superado más difíciles tempestades. "La barca de la Iglesia no es mía, no es vuestra, sino que es suya y el Señor no deja que se hunda".

También ha querido referirse a su decisión de renunciar: "He dado este paso en la plena conciencia de su gravedad y de su novedad, pero también con una profunda serenidad de ánimo". Y explicó que "amar a la Iglesia significa tener la valentía de tomar decisiones difíciles, dolorosas, en las que se tenga siemrpe delante el bien de la Iglesia y no el propio". Para aquellas comparaciones con Juan Pablo II, afirmó: "No abandono la cruz. Ya no tengo la potestad del oficio, pero seguiré acompañando a la Ilgesia con la oración y la reflexión". En este momento, el Papa tiene un año más que Juan Pablo II cuando falleció.

En español, volvió a reiterar la misma idea sobre la Iglesia: "es Él quien me ha guiado, la barca de la Iglesia es suya y Él la dirige por medio de los hombres". Apreció también "el respeto y la comprensión" con que se había acogido la decisión de una renuncia que ha tomado "en plena libertad".

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