Miércoles 20/09/2017. Actualizado 01:00h

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Vaticano

Francisco y el fundador de los franciscanos: por qué ha escogido este nombre el nuevo Papa

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La elección de un nombre por el nuevo Pontífice nunca es baladí ni se escoge a la ligera. Marca dos líneas: un conjunto de virtudes que el sucesor de Pedro quiere tomar de los anteriores con ese mismo título y un énfasis especial en alguna característica de santos que se hayan llamado así. "Reconstruye mi Iglesia", le pidió el Cristo de San Damián a San Francisco de Asís, un ruego que vuelve a repetirse pero dirigido a otro Francisco, el actual Papa. Escarbando, hay muchas similitudes entre ambas vidas y en los retos que el argentino acometerá desde ya.

Pese a que ocho siglos de distancias separan a ambos, abundan las coincidencias entre los dos Franciscos. Dios ha querido, tras el gran trabajo de Benedicto XVI, dar paso a un Pontífice que enlaza con otra de las figuras señeras de la historia eclesial. Ojalá alcance la talla que tuvo el fundador de los franciscanos.

Cercanía a Dios

Al margen del cúmulo de méritos y buenos hábitos, San Francisco de Asís y el papa Francisco brillan por su piedad. Aquel se retiraba largas horas a rezar. En la etapa final de su vida, volvió a retomar costumbres casi eremíticas pasando días y días solo en una pequeña capilla; apenas dejaba que su apreciado hermano León le llevara la comida. Toda su vida consistió en predicar el amor de Cristo a los hombres. A tal punto alcanzaba su pasión por el Crucificado que compartió los estigmas de la Pasión, privilegio y don reservado a contadísimos santos.

El antiguo cardenal Bergoglio demostró en el breve tiempo que salió al balcón vaticano para saludar a la multitud e impartir la bendición Urbi et Orbi su inclinación a la oración. Todas sus homilías y sus enseñanzas episcopales se revisten de un impulso a partir de Dios para cualquier iniciativa. Empezar un pontificado rezando da buena cuenta de lo que se puede esperar de él: una Iglesia volcada hacia el Señor como fuente. Y él, un predicador y hombre de plegaria.

La pobreza

El sobrenombre del Poverello demuestra a las claras el tipo de persona en que se convirtió Francesco. Hijo de uno de los burgueses más ricos de la región, abandonó una vida de comodidades y de éxito en los negocios para toparse con una dama "tan noble, tan rica, tan buena, que ninguno de vosotros visteis otra igual", según confesó a sus amigos. No era otra que la Pobreza. El hábito humilde, la voluntad de mendigar para obtener el sustento y el reparto de lo poco que tenía con los más necesitados se extendió a muchos hombres y mujeres, conmovidos por su ejemplo. Jamás quiso nada para sí: hasta la ropa le entregó a su padre cuando este le pidió un dinero que el santo había entregado a un sacerdote para reparar una iglesia.

Esta, quizá, es una de las cualidades más visibles en el recorrido del actual Pontífice. En una nación con desequilibrios sociales, apostó por el recato en las formas y por una fuerte llamada a la caridad. Cientos de gestos han trascendido: trasladarse a vivir a un pequeño apartamento, cocinarse su propio alimento, volver en autobús de su nombramiento papal en lugar de hacerlo en la limusina que le esperaba o pedir a los fieles que diesen a los pobres el dinero del viaje para acompañarle a su inclusión en el Sacro Colegio de cardenales. Un prelado desprendido.

La sencillez

Como hermanas trataba Francesco a todas las criaturas con que topaba. Ya fueran animales, plantas, fenómenos meteorológicos o personas, sentía todo como una parte del amor de Dios hacia los hombres. Por algo se da el nombre de Florecillas al documento que recoge la exaltación de sus virtudes. A todos conocía y saludaba con la misma franqueza, confiado solo en el Señor, de cuya compañía disfrutaba.

En el papa Francisco se aúnan un buen sentido del humor y una naturalidad no ingenua. En la cena post-elección le dirigió una cómica petición a Dios por aquellos que le habían votado: "que Dios les perdone". Remató más tarde afirmando que debía pagar la cuenta por esos días en la Domus Sancta Marthae. Durante su trayectoria en Argentina, abundan detalles similares. Lavar los pies a enfermos, drogadictos o prostitutas en la ceremonia de Jueves Santo solo es uno de ellos.

Dificultades en sus órdenes religiosas

San Francisco de Asís tuvo problemas en su propia orden. Le llegaron a despojar del generalato y la parte final de su vida transcurrió lejos de ámbitos de poder. Tuvo que redactar varias veces las Constituciones para que pudiesen aprobarse en el Vaticano y le rogó al cardenal Hugolino que reorganizase la disciplina interna ante su imposibilidad. Sin embargo, murió amado por los suyos y con el olor de santidad que las llagas de Cristo imprimieron en él. Los Hermanos Menores se expandían rápido y su ejemplo de pobreza y caridad llegaba a todos.

La Compañía de Jesús no viaja en uno de sus mejores trayectos y esto no es un secreto para nadie. Los jesuitas han perdido la mitad de sus efectivos en los últimos cincuenta años -de 36000 a 18000- y decenas de ellos se decantaron por opciones políticas de signo comunista, engañados por una Teología de la Liberación que Bergoglio rechazó cuando era provincial, en la década de los setenta. Un buen grupo figura sobreaviso por sus polémicas teológicas y la llamada a ocupar puestos de vanguardia a menudo se ha traducido en la adopción de doctrinas abiertamente anticatólicas. Hablar en pro del aborto, el divorcio, la concepción artificial, el matrimonio homosexual o el sacerdocio de la mujer se ha convertido en una costumbre demasiado habitual entre algunos religiosos de la orden. El cuarto voto, de obediencia al Papado, se ha incumplido gravemente. Los mandatos de los últimos tres generales (Arrupe, Kolvenbach y Adolfo Nicolás, el español Prepósito General desde 2008) arrojan más sombras que luces en cuanto a disciplina interna. ¿Atajará Francisco esta debacle de alguna manera?

Ecumenismo y diálogo religioso

Asís es el centro del diálogo interreligioso mundial. Allí se han celebrado tres encuentros en los que miles de líderes religiosos de todo el mundo han rezado por la paz y la concordia al lado del Papa. Primero con Juan Pablo II y luego con Benedicto XVI, la Iglesia católica ha hospedado una oración más allá de cualquier divergencia para que las creencias se unan en pro de los derechos humanos y el bien del hombre. Que se celebren allí estas reuniones se debe al espíritu pacificador y a la bonhomía del santo franciscano.

La historia del papa Francisco destaca en este campo. Cuidó de las ovejas de rito oriental como pastor de Buenos Aires, algo que siempre consideró una gracia. Mantiene buen trato con los judíos, de gran número e influencia en Argentina. Hasta el punto de que los principales rabinos del país le han reconocido en repetidas ocasiones su buena disposición al diálogo y su hermandad en la fe.

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