Martes 19/09/2017. Actualizado 01:00h

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Vaticano

“Dios nos juzga amándonos. No condena, Él solo ama y salva”. El Papa Francisco explica en el Viacrucis que Dios ha respondido al mal con la Cruz de Cristo

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Desde un Coliseo repleto de fieles, el Papa Francisco, en actitud de recogimiento, como la que en la tarde del Viernes Santo se vivió cuando rezaba postrado en el suelo, ha centrado sus palabras tras el rezo del Viacrucis en una: la cruz de Cristo, que representa "amor, misericordia, perdón y también justicia. Dios nos juzga amándonos". Después ha explicado que "si acojo su amor, estoy salvado. Si lo rechazo, me condeno. No por Él, por mí mismo".

En su primera Semana Santa, el Papa Francisco ha reiterado los mensajes que ya lanzó en los primeros días de su pontificado. Si el Jueves Santo el lavatorio de los pies le permitió hablar de cómo Cristo le había enseñado a servir, y en la misa crismal recordó a los sacerdotes que tenían que salir a la periferia, el Viernes Santo correspondió el turno a la Cruz.

Tras la impactante imagen que todos los años repiten los Papas cuando, en el momento de la lectura de la Pasión, se relata cómo murió el Señor y se postran en oración en el suelo, la carga doctrinal llegó al final de la celebración del tradicional Viacrucis por el Coliseo romano.

En su alocución después de vivir en actitud de manifiesto recogimiento las catorce estaciones y las meditaciones elaboradas por un grupo de jóvenes libaneses bajo la tutela del patriarca maronita Bechara Butros Rai, el Papa relató cuál es la importancia de la Cruz.

Para empezar, Francisco quiso dar respuesta a una de las preguntas que más se plantea el agnosticismo imperante: el mal. "Es la palabra con la que Dios ha respondido al mal del mundo. A veces parece que Dios no responde al mal del mundo, permanece en silencio. En realidad dios ha respondido y su respuesta es la cruz de Cristo. Una palabra que es amor, misericordia, perdón, y también justicia".

Puso el énfasis en ese último término, la justicia, para pasar a explicar a los fieles, a los presentes y a los que lo seguían a través de los medios, que no se puede perder de vista que Dios Juzga. "Dios nos juzga amándonos. Si acojo su amor estoy salvado. Si lo rechazo, me condeno". Inmediatamente después recalcó que esa salvación depende de nosotros mismos. "Me condeno, no por Él, por mí mismo. Dios no condena. Él solo ama y salva".

Tras agradecer a los libaneses el texto de las meditaciones del Viacrucis, animó a que todos "continuemos este Viacrucis en la vida de cada día. Caminemos juntos por la vida de la cruz, llevando en el corazón esta palabra de amor y de perdón, esperando la resurrección de Jesús que nos ama mucho, es todo amor".

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