Jueves 23/02/2017. Actualizado 14:06h

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Vaticano

Benedicto XVI en la Vigilia Pascual: "La hierba medicinal contra la muerte existe. Cristo es el árbol de la vida"

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Benedicto XVI dedicó su homilía de la Vigilia Pascual a la aflicción del hombre ante el destino de enfermedad, dolor y muerte que se le ha impuesto. El Pontífice describió cómo los hombres de todos los tiempos han buscado una hierba medicinal contra la muerte. Y añadió: "Sí, la hierba medicinal contra la muerte existe. Cristo es el árbol de la vida hecho de nuevo accesible".

Benedicto XVI comentó que hoy la ciencia médica está tratando, si no de evitar propiamente la muerte, sí de eliminar el mayor número posible de sus causas, de posponerla cada vez más, de ofrecer una vida cada vez mejor y más longeva. Y se preguntó si sería positivo retrasar la muerte indefinidamente y alcanzar una edad de varios cientos de años. “La humanidad –afirmó el Papa- envejecería de manera extraordinaria, y ya no habría espacio para la juventud. Se apagaría la capacidad de innovación y una vida interminable, en vez de un paraíso, sería más bien una condena. La verdadera hierba medicinal contra la muerte debería ser diversa. No debería llevar sólo a prolongar indefinidamente esta vida actual. Debería más bien transformar nuestra vida desde dentro. Crear en nosotros una vida nueva, verdaderamente capaz de eternidad, transformarnos de tal manera que no se acabara con la muerte, sino que comenzara en plenitud sólo con ella”. El ser revestido con los nuevos indumentos de Dios es lo que sucede en el Bautismo y es un proceso que dura toda la vida, como explicó el Pontífice. “Lo que ocurre en el Bautismo es el comienzo de un camino que abarca toda nuestra existencia, que nos hace capaces de eternidad”. En concreto Benedicto XVI habló también del rito de las renuncias y promesas del Bautismo. Y para ilustrar este proceso el Papa recordó cómo en la iglesia antigua “se rechazaba de esta forma un tipo de cultura que encadenaba al hombre a la adoración del poder, al mundo de la codicia, a la mentira, a la crueldad. Era un acto de liberación respecto a la imposición de una forma de vida, que se presentaba como placer y que, sin embargo, impulsaba a la destrucción de lo mejor que tiene el hombre”. La renuncia –afirmó el Santo Padre- es una promesa en la cual damos la mano a Cristo, para que Él nos guíe y nos revista”, porque las anteriores son las vestiduras de la muerte.

 

“En el curso de los siglos, los símbolos se han ido haciendo más escasos, pero lo que acontece esencialmente en el Bautismo ha permanecido igual. No es solamente un lavacro, y menos aún una acogida un tanto compleja en una nueva asociación. Es muerte y resurrección, renacimiento a la vida nueva. Sí, la hierba medicinal contra la muerte existe. Cristo es el árbol de la vida hecho de nuevo accesible”.

 

Durante la Vigilia 6 catecúmenos recibieron los sacramentos de la iniciación cristiana. Dos de ellos procedentes de Albania y uno respectivamente de Somalia, Sudán, Rusia y Japón.