Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

Tribunas

Nos vamos a Italia

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

En la Iglesia en España llevamos mal lo de mirar a Italia. Bueno, según se dice, Tarancón, o uno de los suyos, apuntó aquello de que, en una época determinada, hay obispos que tenían tortícolis de tanto mirar a Roma. Algún día tendremos un Pío Moa que escriba la historia de la Iglesia en la España contemporánea y acabe con no pocas espirales del silencio. Fenómenos recientes de montanismo digital se explican, en parte, por esa situación, y son fruto de demasiadas orfandades.

¿Por qué no miramos a Italia? Y en Italia está Roma, e Italia no se entiende sin Roma; o ¿acaso se comprende lo que significa el cardenal Ruini y lo que ha conseguido en las relaciones entre la sociedad y la cultura y la fe sin Juan Pablo II? Pongamos un ejemplo de estos días.

No hace mucho, en Diciembre, se ha celebrado, en el marco del proyecto cultural de la Iglesia en Italia, que ahora coordina el profesor Sergio Belardinelli, potenciado y auspiciado por la Conferencia Episcopal –pueden los lectores ver su magnífica página web -http://www.progettoculturale.it-, un extraordinario Congreso sobre “Dios hoy. Con Él o sin Él cambia todo”, en el que han participado, por ejemplo, un ministro del gobierno, el de Agricultura, –Allemano-, el citado ya cardenal Ruini, el filósofo Robert Spaemann, Andrea Riccardi, entre otros, amén de generar un sitio en Internet en el que se está colgando un auténtico tesoro –thesaurus- de textos de reflexión nada trivial sobre Dios.

¿Y en España? Sabemos desde pequeños que no se deben hacer comparaciones, pero la realidad es muy tozuda. Es encomiable que se esté preparando un Congreso de Jóvenes, por parte de los responsables de la Conferencia Episcopal, para el próximo mes de octubre; también será encomiable el Congreso Nacional Eucarístico de Toledo. Pero en donde se palpa el desierto es en el mundo intelectual, académico, de las ideas, del pensamiento. No en menor medida por una crisis de la teología, y una ausencia de generaciones de teólogos, salvo notables excepciones, que está produciendo una sequedad en el diálogo con la cultura, en la presencia pública, en la capacidad de propuesta social, que es desalentadora. Muestra de ello son las publicaciones. Probablemente los mejores libros de cultura católica son hoy traducciones. Que hablen las editoriales.

En estas estamos. No nos queda otro remedio, aunque sea por unos días, que viajar cibernéticamente a Roma y tomar buena nota de lo que por allí se cuece, que no es poco.

 

José Francisco Serrano Oceja