Martes 17/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

¿Se vacía ideológicamente el PP?

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Escribía no hace mucho en el diario "La Vanguardia" José Luis Álvarez Álvarez, profesor de ESADE y consultor político, un artículo con el título "El PP después de Rajoy", en el que defendía las tesis de que el Presidente del Gobierno está llevando al vaciamiento doctrinal al PP y a la pérdida de la hegemonía del ciclo conservador.

Después de analizar cómo no existen diferencias de fondo entre el PP y el PSOE en la cuestión económica, dada la obligación de cumplir los dictados de Europa, señalaba: "Hay sólo diferencias marginales entre PP y PSOE -aunque serán exageradas por motivos electorales en la cuestión religiosa (o educativa), donde el PP ya no puede contar con el apoyo e indicaciones de una jerarquía católica distraída en el espectáculo, tan romano, de estas semanas. Lo mismo se puede decir de temas socioculturales, como si una menor ha de preavisar a sus padres de un aborto o no, el matrimonio homosexual, etcétera. Está el PSOE despistado en estas cuestiones: piensa que la controversia mediática sobre estas le favorece cuando, al contrario, por aparecer prisionero de sus grupos más militantes, aparta de sí, todavía más, a la clase media, incluso la obrera".

¿Saben qué apuntaba este texto? La apuesta por la necesidad de pensar políticamente a largo plazo y, dado que no hay dominio político sin dominio ideológico, léase sociológico, el ministro Alberto Ruiz-Gallardón es la persona que "está tendiendo en este terreno trampas en las que el PSOE cae, inocente. Y de paso el exalcalde de Madrid se legitima ante los suyos".

Ahora que el Ministro Gallardón ya ha soltado la especie, en una entrevista dominical en el diario "La Razón", de la modificación de la ley del aborto, con argumentos, por cierto, bien trabados jurídicamente, la tribuna de José Luis Álvarez se convierte en algo más que profética.

Pero la pregunta es si el alma cristiana del PP será capaz de articular internamente un régimen de convicciones capaz de ayudar, en el día después, a establecer un marco de políticas capaces de la regeneración social. Máxime cuando el alma cristiana del PP no es una sino muchas, y demasiadas son las familias que se disputan esa hegemonía. Y, para más añadidos, el control del aparato interno está en manos de personas que no expresan un interés especial por esta fuente de sentido; a lo sumo, la consideran inevitable interlocutora por el efecto que produce en su electorado. El hecho de que el Presidente del Gobierno haya acelerado la propuesta de la reforma de la nefanda ley del aborto no parece haber caído bien en el entorno de la coordinación de las políticas. ¿Aducirán que es un argumento más para la calle?

Vayamos al alma cristiana. La semana pasada se reunieron en una Casa de Ejercicios de Xàbia, organizados por la Fundación Vives y la Fundación Valores y Sociedad, es decir, por los equipos de Juan Cotino y Jaime Mayor Oreja, un destacado grupo de políticos cristianos, predominantemente del mediterráneo, en un Seminario en el que participó el cardenal Cañizares, para debatir sobre la responsabilidad del político cristiano en la sociedad actual. De entre las intervenciones destacó la de Francisco Camps, que afirmó su conciencia de haber pasado por el calvario de la difamación en orden a fortalecerse para cumplir una alta misión en la política española.

No debemos olvidar, por otra parte, el trabajo que el Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y sus encuentros de políticos católicos. Una vía eficaz, que madura en silencio.

La política también es el arte de lo simbólico. Y el predominio ideológico, y sociológico, es simbólico.

José Francisco Serrano Ocejajfsoc@ono.com

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