Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Le toca a Rajoy

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Pedro Arriola ha vuelto. Se le esperaba. Llegan las elecciones; vuelve a mandar la demoscopia; se impone la estadística, la campana esterilizante de Gauss, el gusto de las campañas y demás familia, o lo que sea. Pregunta a quien quieras, lo que quieras, que él te dirá lo que le parece.

Dicen que un grupo de diputados Provida del PP– en principio, todos los diputados, no sólo los del PP, debieran ser Provida- se preguntan qué ha pasado con el trabajo de muchos meses. Qué ha pasado con la propuesta del proyecto de Ley de protección jurídica de la maternidad y del hijo, un texto que nos colocaría a la cabeza de Europa en el sentido común y en otras muchas cosas más. Y hay quien dice que lo único que le falta a la propuesta, que, por otra parte, Rajoy hizo pública en la convención de Barcelona –no se sabe muy bien si por influencia del apellido más sólido del PP Catalán-, es el visto bueno de Arriola, es decir, de los votos que suma y de los que dice que resta, y el convencimiento de Saénz de Santamaría, la joven Soraya, que parece mirar para otro lado en cuanto tiene oportunidad. Claro, la maternidad no es estética; glamour; pose y pase fotográfico.

Así las cosas, mientras que las estrellas menguantes de los asesores áulicos a los que este tipo de políticas les produce escrúpulos, -véase los liberales que escriben sesudas tribunas en el diario El País, como no podía ser menos-, se atragantan con todo lo que suene a defensa de la familia, tradicional, dirán, la vida siempre es más rica. Hay algún ingenuo de sí mismo que va por ahí diciendo que eso es patrimonio de los católicos, que en el PP hay un grupo de gente que añora la época de Aznar en la que se sabía cuáles eran los límites y dónde estaban los puntos y los finales. Se acabó. Por aquí no paso. Aznar, José María, embajador de los valores occidentales y cónsul de las buenas causas antropológicas, amigo de los judíos, príncipe de las verdades del barquero, a machamartillo, que suena muy español.

Pues en esas estamos. Ahora que ya no tienen motivos los más anti del PP de relacionar el grito y estruendo, el rechinar de dientes matutino, con la voz de la Iglesia, y que ya no pueden repetir eso de que los obispos amparan, permiten, miran para otro lado, están entregados a una prudencia demoscópica que no tiene más sentido que el de su santa voluntad, con perdón, de seguir en el mundo ficticio del pluralismo en la sociedad española. Pluralismo que no permite que se ejerza el auténtico pluralismo con una propuesta de defensa de la maternidad que, no lo duden los lectores, es lo más moderno que político del PP imaginara.

José Francisco Serrano Oceja