Jueves 19/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Los teólogos de Podemos

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Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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Sorprende que mientras la secularización, también en su modo liberal, presiona para que la fe se circunscriba  a la vida privada, íntima, el pensamiento populista de algo más que raíz latinoamericana reivindique ahora el valor público de la religión.

Hace no muchos días asistimos perplejos a la presentación de un libro, catecismo del populismo, que convirtió en protagonista a uno de los mayores ataques a la libertad de expresión, y a un periodista, y a los periodistas, que se haya conocido en la democracia. Lo llevó adelante Pablo Iglesias Turrón, bien pegadito a los suyos.

En esa presentación intervino,-como ya saben los lectores de Religión Confidencial- un cura, que fue abucheado. El libro, “En defensa del populismo” cuyo autor es el profesor de filosofía de la Complutense, Carlos Fernández Liria, representa una síntesis autorizada de este movimiento social y político.

Pues bien. En el citado libro, antes del capítulo dedicado al sexo, encontramos un epígrafe sobre la razón y al cristianismo. Un capítulo que representa una de las reivindicaciones del logos cristiano en perspectiva política más curiosas que se puede leer en los últimos tiempos.

Es evidente que lo que se dice ahí tiene una finalidad instrumental, utilizar el cristianismo como energía revolucionaria de la historia, al fin y al cabo. Qué cristianismo, había que preguntarse.

Un cristianismo bajo el tamiz de la razón –Kant, la religión desde la perspectiva de la razón política de izquierdas-, en el que el lector se encuentra con afirmaciones sorprendentes como que el cristianismo le ha sido expropiado a la izquierda por sus enemigos; o que la encarnación permite que la religión asuma los postulados de la razón y se confiera como fuerza solidaria; o que hay que recuperar a Gramsci y plantar cara a la Iglesia desde dentro con una alianza con la Jerarquía de la Iglesia; o que los populismo deben aprender de la imaginación católica, que para el autor consisten pecar y confesarse, disfrutar de la vida, vaya.

La clave teológica para este autor es, desde la defensa de la teología de la liberación, la capacidad de integración politeísta del cristianismo, su dimensión pública transformadora como fuerza social, vital, y no repito algo más porque me sonrojo.

Paradoja sobre nueva paradoja. Habrá quien en la Iglesia compre este discurso; y habrá quien lo acepte acríticamente para no perder oportunidad alguna.

Y habrá, también, quien se lamente que en el PP, o en Ciudadanos, o en el PSOE, nadie se pregunte, y reflexione, sobre el significado histórico, para el hoy, del cristianismo. 

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