Domingo 04/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

El sueldo del arzobispo

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El arzobispo de Oviedo, monseñor Jesús Sanz Montes, no tiene pelos en la pluma. Escribe seráficamente y habla como los ángeles. Fraterno predicador incansable está, últimamente, que se sale del guión. Si tiene que rectificar los análisis no se sabe qué departamento, de no se sabe qué organismo, de no se sabe qué curia, sobre la pastoral obrera, la huelga y demás misterios dolorosos, lo hace. Si tiene que hace un juicio moral de la política económica de Zapatero, pues también. Y si tiene que entregar su sueldo de los próximos tres meses a Cáritas, pues allá van.

En la solemnidad de San Mateo, con la catedral de Oviedo abarrotada, se largó una homilía de las que hacen temblar el misterio de la fe ex auditu. Si no me creen, metan, queridos lectores, sus manos en el texto de monseñor Sanz Montes: “Ayer hablaba con el director de nuestra Cáritas Diocesana, esa institución de la Iglesia que es nuestro humilde orgullo por estar donde está haciendo lo que hace tan eficazmente y tan callando. Me decía que sólo en Asturias, estamos atendiendo a más de 8.000 familias en situación de tremendo deshaucio y desamparo. ¿Por cuánto multiplicaremos esa cifra para saber cuántas personas concretas no tienen fiesta? Pero más me conmovió el dato que se me daba. Que las familias de nuestros mineros que llevan más de tres meses sin cobrar nada, no pocas de ellas tienen fijada una cantidad de ayuda a Cáritas, y que sin embargo no han querido rescindirla aunque ellas necesiten ser ayudadas. Son familias en grave apuro las de nuestros mineros del carbón, y que dan ese impresionante ejemplo de compartir con quienes tienen menos, en un inusual ejemplo de cristiana solidaridad. Tanto me ha conmovido este ejemplo, que ha sido como un aldabonazo. Sólo puedo hacer yo otro tanto, y así lo hago, prescindiendo de mi sueldo tres meses para ponerme a su lado, entregando mi nómina a Cáritas como ayuda voluntaria a tanta gente que sufre forzada sin cobrar o en el paro. No es inmodestia mi gesto contado, sino el testimonio que hago no con bellas palabras que se lleva el viento sino con el compromiso real y por eso cristiano. (…)

Pero lo voy a decir de nuevo, para que lo oigan los sordos del cuento, para que lo entiendan quienes fingen no saberlo, para que se les gaste el manido argumentario de que al hablar de cosas que les sonrojan o les acusan, los obispos nos metemos donde no debemos. Pues va a ser que no, que no es de política de lo que hablamos, cuando defendemos la vida en cualquiera de sus tramos, cuando defendemos la familia, cuando defendemos la educación que no domestica”. Sic.

José Francisco Serrano Oceja