Domingo 20/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Tres sonrisas del Niño Jesús

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Un artículo de...

Ernesto Juliá
Ernesto Juliá

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 ¿Un cuento de niños? No. ¿Un cuento de hadas?, tampoco. Tres “cuentos” de hombres hechos y derechos, tres sonrisas de mujeres, hechas y derechas, que unas mujeres y unos hombres han tenido ocasión de vivir en estos días de Navidad.

Un grupo de 40-50 estudiantes universitarios, mujeres y hombres, se acercaron a la puerta del hospital. Entraron en silencio, sonriendo, hablando entre ellos, cada uno con una serie de partituras en la mano. Era la tarde del día de Navidad.

Ante un portal de Belén situado en una esquina en el vestíbulo, bien visible, comenzaron a cantar. Ningún estruendo. Un villancico melódico, suave, dulce, que más que despertar, ayudaría al Niño Jesús a reconciliar el sueño en los brazos de su Madre.

Terminado el villancico, y guiados por uno de los capellanes del hospital, fueron saludando y dando los parabienes de Navidad a enfermos y a enfermas que yacían solos en las habitaciones, abandonados de parientes si en realidad tenían algunos. Sonrisa del Niño Jesús, lágrimas de agradecimiento en los rostros de los enfermos, y paz en los corazones de los universitarios.

La segunda “sonrisa” es doble.

Una, la vivieron siete universitarias, siete amigas de una residencia de estudiantes. Pensaron: es la noche de Nochebuena, ¿cómo vamos a dejar que personas “solitarias”, que pasan la noche a la intemperie, acá y allá, vivan esta Noche en la misma soledad de todos los días? Y, después de preparar unas cuarenta bolsas con bocadillos y bebidas, con dulces y turrones, salieron por las calles de la ciudad, bien informadas de antemano sobre los lugares que visitarían, y acompañaron - uno a uno- a un buen número de “solitarios”, de “solitarias”, a vivir con un poco de cariño la Nochebuena. Bastante sorprendidos por el gesto, ninguno de los “solitarios” dejó de sonreír, mientras tomaban dulces y turrones en compañía de las universitarias. Las siete regresaron a la residencia bien cansadas, acompañadas por la aurora de la Navidad.

Otra, llenó los días de unos voluntarios españoles, la mayoría universitarios, fuera de España: en un campamento de Irak, donde están refugiados cristianos del Kurdistán que han perdido casa, haberes, familias, en la guerra que el Estado Islámico ha lanzado en toda la región. Un poco de calor navideño, un gesto de fraternidad cristiana con quienes están dando a todo el mundo, a toda la Iglesia, en el silencio del sufrimiento, de la persecución, una prueba patente de Fe en el Niño Jesús que nace en Belén.

La tercera “sonrisa” puede sorprender; pero es también una bella realidad.

Quizá ninguno de los participantes en los programas de estudio, en una conocida escuela de negocios de fama internacional, hubiera pensado encontrarse con algo semejante en un normal día de clase después de la Inmaculada.

¿Qué se encontraron?

Un árbol de Navidad -cercano a un Nacimiento- adornado con 178 cartulinas de colores, que ocupaba un lugar bien visible a la entrada del comedor, y a poca distancia de la capilla. En cada cartulina, un nombre y un número: el nombre de un niño, de una niña; y un número que indicaba los años de cada criatura. Todos los niños y las niñas eran pequeños enfermos, necesitados de cariño, algunos con síndrome Down; y ninguno mayor de 8 años.

Y con las cartulinas, una invitación: la de regalar un “detalle” a un niño, a una niña, para alegrarles la Navidad. Un “detalle”: un juguete; una prenda de ropa nueva; algo que les pudiera ser útil en su vida, y que fuera un poco más que unos dulces, que también eran bien recibidos. Junto a las cartulinas otras 30 más sencillas, que solicitaban “otro detalle” para ancianos y ancianas que vivían solos: una bufanda, una manta de rodillas; un pañuelo de hombros.

Voluntarias de unas parroquias repartieron los “detalles”. Ninguno de los 178 niños, ni de los 30 ancianos, se quedaron sin una “sonrisa”.

Empieza el año 2016 con un Mensaje de Paz del Papa Francisco; con gestos de guerra aquí y allá; con promesas de acuerdos en conflictos internacionales que nadie sabe como acabarán; con proclamas de violencia que sí suelen cumplirse; con violencias vigentes que quitan la vida a los ya nacidos en el vientre materno; …

Y, como pequeñas luces en el firmamento, estas “sonrisas” del Niño Jesús que sigue anunciando al mundo, con estos nuevos ángeles -universitarios, voluntarios,árboles de Navidad-: “Gloria a Dios en el Cielo; y Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.

Ernesto Juliá Díaz

ernesto.julia@gmailcom


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