Martes 06/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

No hay soluciones católicas en política

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Salgo un día más del Hospital Clínico de Madrid, tras visitar a José Luis, mi hermano mayor, y reparo de nuevo en la abundancia de carteles y mensajes a favor de la sanidad pública. No seré yo quien la critique, con lo bien que están atendiendo a mis hermanos: tengo otro a la espera de trasplante en el 12 de octubre. Pero no puedo dejar de pensar en lo complejos que son los problemas políticos, como para reducirlos a esquemas de “100x100 público”.

Porque observo que aplauden en España la ley de sanidad de Barack Obama quienes se niegan aquí a la gestión privada de servicios sanitarios. No parecen conscientes de que el sistema de sanidad norteamericano sigue pivotando en torno a hospitales y aseguradoras privadas, sin perjuicio de ampliar con dinero público la cobertura a quienes carecen de recursos. Al cabo, se consigue un fin público con medios privados (como, en el fondo, lo es también el dinero procedente de los impuestos).

En el debate americano, un cristiano podía oponerse a Obama porque la reforma suponía un mayor intervencionismo estatal, en contra de principios esenciales de la doctrina social de la Iglesia como el de subsidiaridad y, sobre todo, el de primacía de la persona. En cambio, su aproximación era más positiva cuando consideraba que la asistencia sanitaria llegaría a más personas necesitadas, exigencia de justicia social.

Había muchos temas discutibles en asunto tan complejo. Quizá el más importante era la posibilidad de que se empleasen fondos federales para financiar abortos voluntarios. Algunos representantes del partido demócrata no estaban dispuestos a apoyar a su presidente en una reforma tan radical. Porque una cosa es la despenalización del aborto, introducida en EEUU por una sentencia del Tribunal Supremo, y otra muy distinta considerarlo como un cuasi-derecho personal, merecedor de ayudas federales. Explicaba muy bien su enmienda Bart Stupak, representante demócrata por Michigan en washingtonpost.com Saturday, March 27, 2010. Afortunadamente para los ciudadanos norteamericanos, allí no hay partitocracia: por eso, el presidente ha tenido que ganarse en voto de los demócratas pro-vida prometiéndoles la promulgación de un decreto ejecutivo específico.

La Semana Santa, dentro de su densidad espiritual, transida de espíritu de adoración, no impide pensar con sosiego en temas vivos de la convivencia que exigen la acción cívica de los cristianos unidos a sus conciudadanos. Pero, ante la complejidad de los problemas, cada vez tiene menos sentido la pretensión de ofrecer soluciones católicas.

El ejemplo de EEUU es neto. Pero también se acaba de comprobar en las elecciones regionales de Francia, de acuerdo con un sondeo encargado por “La Croix” a CSA. En lo único que destacan los católicos más practicantes es en ser particularmente cívicos: en unos comicios marcados por una abstención del 50%, casi seis de cada diez fieles acudieron a las urnas. Esta vez, además, se unieron a la tendencia global que dio la espalda al centrismo del MoDem de François Bayrou (a pesar de ser quizá el líder más coherente con su fe), a diferencia de lo que sucedió en las presidenciales de 2007. En cambio, doblan casi la tendencia general de voto a UMP, y se confirma la desconfianza hacia la extrema derecha de Le Pen y a los ecologistas, quizá por su paradójica militancia pro-abortista y la imagen libertaria de Daniel Cohn-Bendit (aunque en conjunto reciben un 8% de votos de católicos, menos que el 12% general).

Cuando escribo, no se han cerrado las urnas en Italia. Pero, desde la caída del Muro de Berlín, la vida política trasalpina se liberó también de las viejas ataduras más o menos impuestas por la guerra fría y la amenaza marxista. Las fuertes instituciones católicas italianas no están ya ligadas a opciones políticas partidistas. Afortunadamente.

Salvador Bernal