Miércoles 07/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

¿Para qué sirve el caso Maciel?

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Hay varios periódicos españoles empeñados en el que pudiéramos denominar caso Marcial Maciel. Un ejercicio previo de sensibilidad invita a no escribir a no ser que se tenga algo nuevo que decir que aclare la situación. La primera pregunta es elemental: ¿Cuál es la finalidad de este interés periodístico? Parto del principio de que el hecho en sí es doloroso y, al menos en lo que respecta a la conciencia creyente, debe enmarcarse en el misterio del hombre y en el misterio de la misericordia de Dios para con todos.

El Evangelio dice aquello de que por sus frutos les conoceréis. Este marco en nada debe eximir de las responsabilidades que se contraen por las acciones o por las omisiones. Pero lo que ahora nos ocupa es, en este segundo momento, una vez establecida la Comisión Pontificia e iniciados sus trabajos, cuál es la finalidad de volver a contar lo que ya se sabía, quizá buscando detalles que no hacen del caso algo distinto. Detrás de lo que ha ocurrido, y de lo que está ocurriendo, con la familia de la Legión de Cristo, hay mucho sufrimiento. Y lo que no podemos negar es que algunos están empeñados en seguir poniendo el dedo en la herida de ese gran dolor que invita al silencio. Un silencio que no es sospechoso, ni para quienes piensen que en vez del silencio lo obligado es la denuncia.

La Iglesia ya ha hablado. Y seguirá haciéndolo con sus obras. El nombramiento de los miembros de la Comisión que estudiará la situación de la Legión de Cristo es harto elocuente; la cuestión está en manos de la Iglesia, que es madre y maestra y nunca abandona a sus hijos. No estaría de más que dejáramos a la Iglesia ser Iglesia, y a los obispos Comisionados hacer libremente su trabajo. Si hay un obispo discreto, que sabe de labores ocultas, de años de silencio y de oración, y que no busca el más mínimo protagonismo, es monseñor Ricardo Blázquez. La Iglesia en España está llevando el caso con una discreción ejemplar, también el de los religiosos que se quieren excardinar e incorporarse a los diversos presbiterios diocesanos.

Dudo mucho que de los trabajos de la Comisión podamos saber algo. Lo que se pretende es salvar la realidad; salvar la fecundidad de una obra y del Espíritu que está presente en ella. Que haya un grupo de dirigentes reunidos para facilitar los trabajos de los Comisionados es lógico. Lo que parece no lo sea es que se quiera mantener la llama encendida de lo que ocurrió para que quienes son responsables de lo que la Iglesia les ha encomendado no olviden lo que, de ninguna manera, pueden olvidar. Lo que ahora necesitamos es la parábola del hijo pródigo y la claridad del amor de madre de una Iglesia que siempre es más.

José Francisco Serrano Oceja