Sábado 03/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Una semana jesuítica

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No se trata de la semana de los Ejercicio Espirituales, ni lo jesuítico tiene aquí acepciones no santas según la Academia. Valladolid es ahora la capital jesuítica del mundo. Y no sólo porque el Prepósito General de la Compañía de Jesús, el Padre Adolfo Nicolás, transita por las tierras de Castilla con destino a la beatificación del P. Hoyos. En una Valladolid que se va a convertir este próximo fin de semana en la capital de la Iglesia en España, por eso de que el sábado toma posesión monseñor Ricardo Blázquez y el domingo la canonización del jesuita Bernardo Hoyos, más de setenta obispos se encontrarán con ánimo pascual renovado. El lunes comienzan los trabajos de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal que, entre campañas internacionales contra el Papa –obligada referencia para el discurso inaugural-, nos ofrecerá, previsiblemente, con las cuestiones de orden y de servicio, más defensa de la vida, los viajes del Papa, el comunicado del Congreso Eucarístico Nacional de Toledo, -y nunca mejor dicho eso de Toledo-, la ley de libertad religiosa en el valle de lágrimas, que no es el de los Caídos, de momento, y las visitas de Benedicto XVI a España.

Pero antes de regresar a Madrid, volvamos a Valladolid. Si poco se habla del Prepósito General, menos aún de su predecesor vivo, el padre Peter Hans Kolvenbach, a quien, cada año que pasa, se le recuerda con mayor afecto. En el último número de la revista de los jesuitas se ha publicado una entrevista al P. Kolvenbach en la que describe su vida actual en la comunidad libanesa de S. José de Beyrouth, realizando un trabajo científico en el fondo armenio de la Biblioteca Oriental y en el Centro de Documentación e Investigaciones de Árabes Cristianos (CEDRAC). Este trabajo fue a petición del P. Samil Khalil Samil, motivado “porque muy frecuentemente lo árabe se confunde con el Islam, el P. Samir fundó en 1991 el CEDRAC para dar a conocer y estudiar la literatura árabe de los cristianos y valorar este patrimonio. Un primer inventario de toda esta literatura la hizo en 1950 Georg Graf, pero después se intensificó la investigación. El CEDRAC –señala el P. Kolvenbach- me ha confiado la contribución de los jesuitas árabes o arabistas -a partir del siglo XVII más o menos doscientos jesuitas- a este proyecto de cultura árabe o de la sociedad árabe-cristiana. Salvo imprevistos, será posible publicar el próximo año los primeros resultados de estas investigaciones”.

En la entrevista, titulada algo así como un jesuita de a pie, como san Ignacio, solo y a pie, se formula una pregunta por la salud del P. Kolvenbach, que merece ser reproducida íntegramente: “Para no imponer una carga a la Provincia del Próximo Oriente, antes de regresar me sometí a exámenes médicos. Los médicos romanos confirmaron la existencia de problemas de salud que desaconsejaban continuar con el cargo de Superior General, pero nada más. Los médicos libaneses han descubierto problemas de corazón y han limpiado las arterias en la medida de lo posible. Me han prescrito un cierto número de medicinas y me han impuesto un régimen a causa de la diabetes. Ese es mi parte médico”. El P. Kolvebach también hubiera disfrutado en Valladolid este fin de semana.

José Francisco Serrano Oceja