Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La semana del Papa en España

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En los años ochenta, Luigi Giussani habló mucho, y ciertamente bien, del “confinamiento policial” –les suena lo de Bélgica, qué horror- de la fe, que se sintetizaba en la frase: “La religión a la sacristía, a las tumbas, para que venga después la profanación”. La política, o mejor escrito, la política con minúscula, la política laicista, inspirada en una ilustración de mandil relativista, sea del color que sea, no ha hecho más que pretender que la Iglesia se reduzca a la mínima expresión de lo que ella determinaba era políticamente correcto. Como mucho, una ONG.

No nos engañemos, el diario El País, y sus compañeros mártires, están empeñados en un segundo capítulo de confinamiento policial y político de la Iglesia. Primero, la pederastia; ahora, las finanzas, y en medio, el Papa. Sí, el Papa es la diana, ese nítido sujeto del deseo para quienes hoy, ante la incapacidad de un gobierno mundial, o de referentes universales de gobierno –también ha muerto la ética mundial de Küng; no es el ethos, es el logos, amigos-, no van a permitir que el Papa, Benedicto XVI, titán de la fe y de la razón, siga proponiendo lo que, sin duda, es un pensamiento signo de contradicción. Por más que se empeñe el diario de los fondos, anchos, estrechos, altos, bajos, de la libertad, ni los dineros de no se sabe quién, ni la marcha atrás del mal llamado vaticano en Madrid, son la clave. La clave es otra: “Unicuique suum. Non praevalebunt”.

Mientras, hay quien anda buscando de quién ha sido la iniciativa de dar la bienvenida al Papa. Pues que siga. La respuesta es clara, de todos y de nadie; de todos y de cada uno, de la sociedad civil, en suma. No ha sido, ni mucho menos, de Hazte Oír y de sus chicos, aunque se les oiga con intensa frecuencia. Lo ha sido de un grupo, espontáneo, que tiene mucho y nada que ver entre sí. Tienen que ver con la preocupación por la sociedad española, con su vertebración, en el contexto de esta segunda transición no pactada, en torno a lo que la ha hecho progresar en sentido pleno: los valores cristianos, que siempre son humanos. Un grupo heterogéneo, de procedencias muy diversas pero con inquietudes comunes, que se reúnen con frecuencia para hablar y dialogar. Algunos de ellos están en el recién publicado preprograma del próximo Congreso Católicos y Vida Pública, que mira a la firmeza de la fe y de la misión. Un grupo de políticos, con políticos y no sólo para la política, con perdón de Aristóteles.

En la semana del Papa, Felicidades, Santo Padre.

José Francisco Serrano Oceja