Martes 06/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

El sacerdocio según monseñor Saiz

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Un obispo joven para una diócesis joven. Así es monseñor José Àngel Saiz Meneses, Obispo de Tarrasa. Bueno, el concepto de juventud habría que ir matizándolo, ya que, como él mismo escribe, “el pasado 25 de julio se cumplieron 25 años de mi ordenación sacerdotal”. Estos días ha publicado un sencilla, no muy larga, aunque tampoco corta, carta pastoral, titulada “La alegría del sacerdocio”, que es un joya de claridad, sencillez, profundidad y, por qué no, valentía.

En este año sacerdotal, que nació no lejos del corazón de un padre, Benedicto XVI; un corazón desgarrado que le hizo pedir que se resolvieran las situaciones de dolor de la vida de quienes habían querido abandonar el sacerdocio; de dolor por los pecados de los sacerdotes, y por la distancia del pueblo cristiano y de los hombres de un mundo que no valora el ministerio en su naturaleza; en este año, no está de más que un obispo tome la pluma y explique a su Iglesia la esencia del sacerdocio, la esencia de la vida en Cristo para al santificación del mundo.

No son pocos los ejemplos de sacerdotes que no parecen ejemplos. No son pocos los silencios sobre los efectos de estos insuficientes testimonios, públicos, muchos de ellos, por cierto, que crean más confusión que otra cosa. No hace mucho leí, en un periódico regional, norteño y cantábrico, una entrevista de página entera a un sacerdote al que se le acababa de conceder la medalla de Oro al Mérito del trabajo, que me dejó atónito. Así, a bote pronto, se podría decir que no está de más que alguien, el gobierno, la sociedad, el Estado, dejémoslo ahí, le reconozca a un sacerdote el mérito a su trabajo de sacerdote. Parece que no. El mérito era otro; haber trabajado en mil profesiones y otras muchas acciones, sin duda, buenas y benéficas. En la entrevista se hablaba de ong´s, ayuda al Tercer Mundo, barrios marginales, denuncia del consumismo, mundo social, desarrollo, pero no se habló, al menos en lo publicado, de Cristo, del cristianismo… Un pena.

Por eso, pastorales como la de monseñor Saiz Meneses, en las que se escribe de la vocación, de la formación, de la vida espiritual, de la teología fiel al Magisterio, del celibato, de las eucaristía, de la confesión, de la ayuda a los pobres, de la santificación del domingo, contribuyen decisivamente a que tengamos las ideas y la vida en su sitio, y son un aliciente, no sólo para los sacerdotes, también para el pueblo cristiano.

José Francisco Serrano Oceja