Miércoles 18/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La reunión de los obispos

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Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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Esta semana se celebra la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal. Para ser más precisos, los días 29 y 30. Además de la habitual comparecencia ante los medios del secretario general de la CEE, el sacerdote José María Gil, los temas se acumulan en la mesa de un organismo que es clave para la orientación de las intervenciones públicas de la Conferencia.

La reunión se celebra con el resultado de las elecciones catalanas encima de la mesa. Un resultado que, cuando se escribe este texto, es una incógnita. No lo es lo que ha ocurrido en días pasados respecto a  las intervenciones episcopales sobre el proceso separatista catalán. Gracias a Dios, el Papa estaba en Cuba y Estados Unidos. Y el Papa lo llena todo. Si no, hubiéramos tenido la enésima inundación mediática.

A la mesura contenida de los obispos catalanes, ratificada por el cardenal arzobispo de Barcelona, Luis Martínez Sistach, le llegó la salida, no sabemos si en falso, del obispo de Solsona, el joven Xavier Novell Gomá, un verso suelto, muy suelto. 

Dicen que su manifiesto político, -¿por quién doblan las campanas de qué libertad?-, fue una respuesta al pronunciamiento del cardenal Antonio Cañizares. Las campanas suenan demasiado a obispos del pasado en la persona de un prelado postmoderno. Algo no encaja.

El obispo de Solsona hubiera hecho lo mismo, una vez que en la reunión de la Tarraconense no parece que se consiguiera aumentar el volumen de la nota conjunta. En este proceso, el cardenal Blázquez y monseñor Osoro, en encuentros privados y conversaciones frecuentes, han procurado tender puentes, explicar, aclarar, apuntar, reconciliar, aplazar propuestas. Trabajo en silencio.

Atentos, pues, al cardenal Cañizares y a sus intervenciones, a sus textos y contextos. Don Antonio, después de unos meses de suave aterrizaje en Valencia, ha tomado ya las riendas de un protagonismo episcopal de largo recorrido. Lo que no se puede negar es que el cardenal Cañizares tiene la experiencia acumulada suficiente, y la libertad de lo andado, para aglutinar y poner en valor. 

Por tanto y por tantos. Atentos a una Comisión Permanente en la que lo que se diga, como en el sistema de la retórica de Michel Meyer, llevará implícito siempre lo no dicho. ¿Acaso puede ser lo no dicho lo que más interesa? 

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