Miércoles 16/08/2017. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

Tribunas

El protagonismo periodístico de la Iglesia

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

La publicación, el pasado fin de semana, por el diario “El País”, coincidiendo con la misa de las familias, de dos amplios reportajes sobre aspectos del catolicismo español no ha pasado inadvertida a los observadores internos y externos. No es extraño que el diario de referencia dominante, como así se le denomina en algunos ambientes académicos, se haya convertido en el periódico más interesado por la cuestión religiosa, y por la Iglesia Católica, en nuestro país. Desde sus inicios fundantes no ha obviado esta realidad social; otra cuestión ha sido la perspectiva del enfoque del tratamiento. Las mentes rectoras de este diario consideran que aún no se ha dado una transición de la cuestión religiosa, y que no se ha superado la primacía de la Iglesia en nuestra sociedad. Y, por esto, el cristianismo y la Iglesia son prioritarios. Prioritarios en la medida en que el diario adquiere un rol pedagógico, respecto al cristianismo y a la Iglesia, de maestro de sospecha que pretende incidir en sus procesos internos y condicionar su evolución. Es cierto que aún existe en sectores internos de la Iglesia respecto a este diario una dialéctica que transita desde la fascinación de unos a la obsesión de otros. Peor o que es obvio es que no esta la Iglesia para nostalgias del pasado más inmediato.

El cristianismo hispánico, para este diario, hoy en manos de fondos del capitalismo global, es bifronte: una Iglesia es –para los ideólogos- la de la jerarquía, la conservadora, y otra la de base, la progresista. Todo lo que signifique potenciar la segunda en detrimento de la primera contribuye a la obligada modernización de la Iglesia. En este sentido, la utilización sistemática que ciertos teólogos heterólogos de pensamiento hacen de este diario no es baladí. Si de teólogos áulicos hablamos, orgánicos en el fondo y en la forma, ahí tenemos varios ejemplos. “El País” desea una heteroidentidad en sus lectores católicos, y en eso está empeñado. Es, por tanto, un periódico de espejos deformados, bien diseñados, bien trabajados, pero teológicamente deformados.

De lo publicado el pasado domingo habría que diferenciar las dos piezas fundamentales. La primera, dedicada a la hipótesis de si la Iglesia, o el catolicismo social, está alentando un partido político católico, y redactada por el corresponsal religioso habitual, persona de trabajo a conciencia, es tratada desde una perspectiva clásica en la que se mezclan los datos de la historia con la descripción de un presente que es más hipótesis imaginada que tesis realizada. Las lecturas de este texto están destinadas preguntarse, en el fondo, por la fuerza de los católicos en la política española.

Quizá la atención principal está en el trabajo de José Luis Barbería dedicado a desvelar a la asociación Yunque, o Bien común, y a sus ramificaciones. Llevaba tiempo este redactor preparando este trabajo y, sin duda, que lo ha publicado en el momento que consideraba oportuno. Lo primero que hay que aclarar es que el hecho de que este texto esté redactado por un redactor dedicado habitualmente a política interior, procedente del País Vasco, con indudables buenas relaciones con los asesores de los ministros responsables de las relaciones con la Iglesia, en este caso del mundo de los Cristianos por el socialismo, indica que tiene informaciones de dentro, del caballo de Troya que representa un disenso que, en vez de trabajar en los ámbitos naturales del diálogo en la Iglesia, utiliza medios y procesos externos que en vez de construir la deslegitima. En este sentido, hay que tener en cuenta la nota aclaratoria que Hazte Oír publicó en su página sobre el titulado reportaje “El Tea party español”, en aclaración de este reportaje, y los textos de varios de sus blogs sobre esta cuestión.

Además de la utilización de extemporáneas, anacrónicas y descontextualizadas declaraciones atribuidas a fuentes señaladas, nos encontramos con errores de bulto, como el de adscribir a la Fundación Burke a esa realidad que se pretende descubrir. Pero lo más importante es que, supuesta, presupuesta, pospuesta, la existencia de Yunque o Bien común, no del todo probada ni en su articulación, nadie caiga en las trampas que diseñan quienes no quieren ofrecer una información que se corresponda con la realidad sino deslegitimar a la Iglesia. Lo importante es, y en este caso si cabe mas, el dialogo de la Iglesia, de los obispos competentes, con sus files, individual y asociadamente. Un diálogo que existe siempre y que debe continuar. La unidad siempre es fruto del bien, también común.

José Francisco Serrano Oceja

“Somos
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·