Martes 22/08/2017. Actualizado 17:39h

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Tribunas

La propuesta de don Fernando

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Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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El cardenal Fernando Sebastián es, sin lugar a dudas, una de las personalidades más atractivas de la Iglesia en España. Es un verso suelto, singular, que se distingue por un pensamiento que, en diversas circunstancias, ha llegado a cambiar la métrica del poema público.

Recordemos, por ejemplo, su insistencia en la necesidad de pasar de las relaciones entre la Iglesia con el Estado a las relaciones con la sociedad. O el antes y el después que supuso su texto sobre las imbricaciones entre nacionalismo y terrorismo.

En la pasada Asamblea Plenaria, y en una reciente entrevista para el semanario Alfa y Omega, don Fernando Sebastián ha hecho una propuesta –entiendo que, en parte, en la línea de lo que en su día declarara Joseph Ratzinger en “La sal de la tierra”-, sobre las consecuencias sacramentales del paso de un catolicismo sociológico a un catolicismo personal, es decir, de la fe sociológica a la fe personal.

Y en este tránsito, el cardenal Fernando Sebastián ha propuesto lo siguiente, que cito en lo transcrito por el semanario de la Fundación San Agustín:

“En el caso del Bautismo de infantes, los padres tienen que garantizar la educación religiosa y cristiana del bautizado. A los que viven habitualmente apartados de la Iglesia creo que hay que invitarles a recuperar su vida cristiana antes de bautizar a su hijo. Podríamos ofrecerles un itinerario de fe de uno o dos años. Que bauticen a su hijo cuando estén en condiciones de educarlo cristianamente, con palabras y sobre todo con el ejemplo de una vida cristiana normalizada. Comprendo que es una medida un poco fuerte, pero me parece indispensable. Sin ella o algo parecido no habrá verdadera renovación eclesial, porque nosotros mismos estamos devaluando los sacramentos”.

Cuando leí estas afirmaciones de don Fernando recordé lo que Víctor Manuel Fernández, el teólogo del Papa, dice en su libro entrevista con Paolo Rodari. Señala el Rector de la Universidad Católica de Buenos Aires que el Papa tiene una profunda convicción de la iniciativa de la gracia de Dios.

Y añade: “Al mismo tiempo, el bautismo deja en el corazón del niño un germen espiritual que quedará allí dentro, aunque no vaya a misa, aunque no reciba una instrucción cristiana, aunque no parezca católico por sus costumbres y sus palabras. Pero siempre estará en su interior ese germen que lo atrae hacia el bien y lo prepara a morir en paz. La Iglesia no puede sentirse con el derecho de negarle eso a alguien. Al contrario, el Papa considera que hay que facilitarlo de todas la maneras posibles y no poner muchas condiciones que compliquen o difieran su recepción”.

¿Dos opiniones complementarias? ¿Es una cuestión de perspectiva pastoral, geográfica? No estaría de más que se abriera un debate, privado en lo privado, y público en lo público, a propósito, y al rebufo del recién estrenado Plan de pastoral, sobre la cuestión del acceso a los sacramentos en la sociedad española. Una cuestión que, al fin y al cabo, es clave en la configuración de la misión y en la transición de lo sociológico a lo personal.

 

José Francisco Serrano Oceja

“Somos
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