Sábado 03/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Un prólogo de Juan Manuel de Prada

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No hace muchas semanas el escritor Juan Manuel de Prada protagonizó una de las series periodísticas de atracción fatal que tanto gustan a los medios y a los mediadores. Agua pasada que tendrá su molino. Ahora ha escrito un prólogo espiritual a un libro de meditaciones, que bien merece nuestra atención y el apresurado comentario. “Lañas. Momentos para Dios” se titula el vademécum de pensamientos, a la sombra de la iniciativa Mater Dei –su ingeniosa editorial-, que capitanean la teóloga Carmen Álvarez Alonso, profesora de la Facultad de Teología san Dámaso, y el sacerdote Juan Pedro Ortuño. Laña, pieza de hierro para unir o sujetar dos cosas, o en el clásico del Quijote, loncha de tocino, que será alimento para viatores. Diario espiritual a la sombra del calendario litúrgico, desahogo, descargo de ciencia y de conciencia, se podría pensar.

Y dice Juan Manuel de Prada, convertido en padre espiritual del desierto de la desafección generalizada, del reduccionismo, que el agostamiento de la fe tiene causas muy diversas, “pero me atrevería a afirmar que la primordial de todas ellas (o al menos el virus que a todas infecta) es el descuido de la vida interior, que los antiguos comparaban a un jardín secreto, escondido del tráfago, cerrado al bullicio –hortus clusus-, en le que florecían las flores más fragantes y lozanas, a poco que su dueño lo cuidara”.

El abandono de la vida interior es la nota distintiva de nuestra época, que según De Prada, está “entregada con denuedo desnortado y frenético a eso que en este libro se denomina reiteradamente “activismo”, que no es otra cosa sino el corretear sin rumbo de un gallo descabezado que, en su huída pánica, busca ocupaciones que le distraigan la angustia de saberse muerto para lo único que verdaderamente importa”.

Son muchas más las conquistas de este prólogo, bálsamo para el espíritu, cimas de nada fácil acceso. Quizá, una última, segundo tiempo del primer tiempo de la reflexión sobre el activismo. “Ofuscados como estamos por ese “activismo” desmelenado –escribe Juan Manuel de Prada- que nos hace cabalgar a lomos de la prisa y del ruido, hemos dado en la extraña locura de demandar a Dios signos apabullantes y estrepitosos al modo que los paganos de antaño demandaban a los moradores del Olimpo apariciones teatrales que trastornasen las leyes físicas. Cuando, como es bien sabido para cualquiera que viva en “intimidad con Dios”, las parafernalias y estridentismos son repudiados por Quien quiso hacerse, por amor al hombre, el más pequeño entre los pequeños”.

José Francisco Serrano Oceja