Sábado 03/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

El programa de la visita

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A las dos horas del anuncio de la próxima visita de Benedicto XVI a España, el embajador ante la Santa Sede, Francisco Vázquez, recibía a un representativo grupo de españoles, miembros de una de las más destacadas Asociaciones Católicas de nuestro país. Difícilmente la apabullante expresión de la íntima unión entre catolicismo y España, que representa esa legación, podía oscurecer la satisfacción del embajador por un trabajo bien hecho, que tiene un broche de oro en una visita pastoral, que es distinta pero no distante de un viaje de Estado, y que manifiesta la ocupación y preocupación del Papa por lo que ocurre en nuestro país. En no pocas ocasiones los argumentos más sencillos, como si fueran herederos de la navaja de Ockam, son los más eficaces ante la complejidad de nuestros días. El Papa es padre y pastor, y como padre quiere estar cerca de sus hijos, visitarles una vez cada año, atenderles en momentos de dificultad: es lo que Benedicto XVI va hacer con los españoles. Será, sin duda, una lección para quienes consideran que la fe pertenece al relicario de la historia y que el progreso, y lo moderno, conquiste en la acelerada y dramática implantación de un laicismo que campea a sus anchas.

Nadie duda de que el Papa sabe el efecto de lo que ocurre en España está teniendo en Hispanoamérica, y por eso ha querido hacerse presente con su testimonio y su palabra. El embajador Vázquez es muy consciente de que Benedicto XVI tiene muy claras las coordenadas del Camino de Santiago, el ultreya de la historia, y por eso augura un discurso en la catedral de Santiago que pase al olimpo de la historia del pontificado en la época contemporánea.

La anunciada visita ha solapado todos los interesados –como ocurre siempre- rumores sobre un cambio en la embajada. Difícilmente se entendería que a estas alturas de la preparación de la visita el gobierno de Zapatero hiciera una jugada que, en todos los casos, le haría perder la partida. Por más que los más rabiosos del PSOE no entiendan qué hace un católico socialista en la embajada de la Plaza de la Inmaculada, y hagan todo lo posible por mover las ilustradas sillas del palacio renacentista, dejando caer incluso que José Bono sería un candidato ideal, lo cierto es que don Francisco Vázquez se ha ganado el reconocimiento de todos los que transitan por la ciudad eterna. Sus oficios han sido y lo son en pos de las buenas relaciones entre Estados, cosa que difícilmente puede ocurrir en las relaciones entre gobierno y sociedad católica. El gobierno tiene que agradecer a su embajador ante la Santa Sede todo su trabajo, que se culminará con la presencia de Benedicto XVI en Santiago de Compostela. Una visita programa en el eclesiológico eje Roma-diócesis implicadas y que será una nueva oportunidad para la esperanza cristiana. El programa de la visita pertenece a la visita programada.

José Francisco Serrano Oceja