Domingo 20/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

¿Es posible la paz?

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Una pregunta que está en el corazón de hombres y de mujeres en todos los países del mundo. ¿Alcanzaremos alguna vez un estado de paz entre las naciones, los pueblos, los diferentes grupos de seres humanos, aquí y allá, que nos permita gozar de días tranquilos y serenos, sin la angustia de pensar en las bombas que nos pueden estallar mañana a la puerta de casa?

Es obvio que la ilusión de Kant se ha desvanecido apenas enunciada. Así termina su escrito sobre La paz perpetua:

"Si es un deber, y al mismo tiempo una esperanza, el que contribuyamos todos a realizar un estado de derecho público universal, aunque sólo sea en aproximación progresiva; la idea de la "paz perpetua" , que se deduce de los hasta hoy falsamente llamados tratados de paz –en realidad, armisticios-, no es una fantasía vana, sino un problema que hay que ir resolviendo poco a poco, acercándonos con la mayor rapidez al fin apetecido, ya que el movimiento del progreso ha de ser, en el futuro, más rápido y eficaz que en el pasado".

El futuro que veía Kant no ha correspondido, en absoluto, a sus esperanzas, o, mejor dicho, a sus ilusiones. Cualquier perspectiva de "derecho público universal", basado en acuerdos entre Estados, ni siquiera ha echado raíces en los países, por así llamarlos, "más civilizados" del mundo.

Se han hecho, sí, declaraciones y declaraciones de "derechos humanos"; unos Estados las firman, y otros no. Los que firman, las interpretan a su manera, y cada cual según sus estilos. Se ha"avanzado" en los escritos; ¿se ha avanzado en la práctica de esos "derechos"?

La pregunta sigue latente, y continuará así.

"La paz no es un sueño, no es una utopía: la paz es posible". Es Benedicto XVI quien habla en el Mensaje de la Jornada de la Paz; y añade: "Nuestros ojos deben ver con mayor profundidad, bajo la superficie de las apariencias y las manifestaciones, para descubrir una realidad positiva que existe en nuestros corazones, porque todo hombre ha sido creado a imagen de Dios y llamado a crecer, contribuyendo a la construcción de un mundo nuevo".

En cierto modo, el sueño de la paz sostiene la esperanza del hombre en su caminar diario en medio de las fatigas, de los tropiezos, de los éxitos y de los fracasos.

Kant pensaba que la Naturaleza, con la ayuda de los Estados, conseguiría el "derecho público universal", que regalaría al hombre la "paz perpetua". Desvinculada la Naturaleza de su Creador, el hombre se ha apoderado de ella, y establece que la Libertad, sin naturaleza alguna, sin regla alguna, es la que decide todo. Y la Paz se aleja; porque la Libertad dejada a su arbitrio, sin la luz de la Verdad, se convierte en abuso de poder, en totalitarismo.

"Una condición previa para la paz, señala Benedicto XVI, es el desmantelamiento del relativismo moral y del presupuesto de una moral totalmente autónoma, que cierra las puertas al reconocimiento de la imprescindible ley moral natural inscrita por Dios en la conciencia de cada hombre. La paz es la construcción de la convivencia en términos racionales y morales, apoyándose sobre un fundamento cuya medida no la crea el hombre, sino Dios".

Y el Papa recuerda que es el respeto a la vida humana uno de esos "fundamentos" sin los que la paz no es posible:

"El camino para la realización del bien común y de la paz pasa ante todo por el respeto de la vida humana, considerada en sus múltiples aspectos, desde su concepción, en su desarrollo y hasta su fin natural". "Quienes no aprecian suficientemente el valor de la vida humana y, en consecuencia, sostienen por ejemplo la liberación del aborto, tal vez no se dan cuenta que, de este modo, proponen la búsqueda de una paz ilusoria. ¿Cómo es posible pretender conseguir la paz, el desarrollo integral de los pueblos o la misma salvaguardia del ambiente, sin que sea tutelado el derecho a la vida de los más débiles, empezando por los que aun no han nacido?".

La paz es posible. Hay que reconocer, sin embargo, que a veces hacemos todo lo posible para que no lo sea. La reciente sentencia absolutoria de Morin, de un tribunal de Cataluña, es un paso más que aleja del horizonte la "paz perpetua" de los sueños, ilusiones, de Kant.

Ernesto Juliá Díazernesto.julia@gmail.com

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