Miércoles 20/09/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La plenitud profesional

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Un artículo de...

Ángel Cabrero
Ángel Cabrero

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¡Qué bien no suena la palabra vacaciones! ¡Qué raro es que alguien haga ascos a estos tiempos de descanso¡ Siempre habrá a quien no le gusten, pero pocos, y los consideraremos bichos raros. Sin embargo hemos oído hablar muchas veces de que el cristiano se santifica en el trabajo y es raro escuchar que uno puede santificar el descanso. Y desde luego que se puede y por el mismo motivo por el podemos encontrar a Dios en la labor diaria.

Pero qué duda cabe que lo que nos marca a lo largo de la vida es una dedicación profesional. No se nos conocerá, generalmente, por el tipo de vacaciones o el lugar a donde nos dirigimos en verano. Sí se nos conocerá, con bastante frecuencia, por ser abogado, ingeniero o guardia urbano. Esto parece lo normal, aunque no siempre sea así. Quizá la sociedad moderna difumina un poco las profesiones y las especializa tanto que es difícil saber exactamente a quien tenemos delante.

Me llamaron la atención estas palabra de Mary Ann Clark Bremer: “Muy mala señal (al menos que sea fruto de una modestia singular) es que conversar con una persona no nos aclare cuál es su profesión. Ese tipo de gentes no siente interés por aquello que más les debe preocupar, o quizá es que no dicen lo que sienten. No tener admiración por nada es una regla muy poco segura” (“Una biblioteca de verano”).

Muy mala señal. ¿Las personas que nos encontramos en la vida tienen admiración por su profesión? ¿Están felices con su trabajo? Es indudable que, en las circunstancias actuales, muchos trabajan en lo que hay, no en lo que quisieran trabajar. En algunos casos hay cierta aproximación, en otros la ocupación no tiene nada que ver con lo que estudiaron o con lo que pretendían. Y, qué duda cabe, es más difícil hacerlo con ilusión, con auténticas ganas. Pero no debemos olvidar que, precisamente por ese aspecto costoso, puede ser más fácil de santificar. En todo caso, todo trabajo es servicio.

Si volvemos a los que trabajan en lo que querían, o los que han encontrado un trabajo verdaderamente atrayente, ¿por qué encontramos con tanta frecuencia a gente que se queja, que le parece demasiado, que sueña con las vacaciones? Me parece frecuente –puede ser una apreciación poco fundada- que hablas con una persona, vas conociéndola por motivos diversos, y tienes que preguntar a qué se dedica. Por eso me llamaron la atención esas palabras de Clark, porque veo que ocurre. Hay pocas personas que estén admiradas por su trabajo, por las cosas estupendas que pueden hacer.

Por eso, en los tiempos que corren, puede ser más importante hacer hincapié en la importancia del trabajo, como meta, como fin, como medio de santificación, como ocasión de servicio, porque realmente todo trabajo lo es, no solo el trabajo maravilloso con el que uno soñaba en su etapa de estudios, y que ahora ya ni existe.

Clark Bremer, M.A., Una biblioteca de verano, Periférica 2012

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