Martes 06/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Cómo está la plaza teológica

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Hablemos de teología y de teólogos, porque de teología habló Benedicto XVI con los sacerdotes del mundo.

No voy a esperar al nuevo libro de mi admirado Olegario González de Cardedal sobre la teología en España; ni me voy a referir a una famosa Aula de Teología, en una famosa Universidad –y luego nos hablan de autonomía universitaria-, en una famosa diócesis, en la que un famoso teólogo González, por utilizar un Juan Español, y algo más que fausto –nada que ver con el maestro abulense, por favor-, pronunció recientemente una conferencia sobre el significado de la resurrección de Jesús para el hombre de hoy. Intervención con la que no sabemos si Jesús resucitó histórica, metahistórica, transhistórica, prognohistórica, y demás familia. Está en Internet, por cierto. ¡Cómo está la plaza de la teología!

No. Me voy a referir a las tesis de Benedicto XVI sobre la teología, y si acaso tuviera tiempo, que no lo voy a tener, a un libro que estoy seguro no se venderá en muchas librerías de las denominadas “de pastoral”, pero que merece la pena se conozca. Se titula “El orden de las verdades católicas. Sugerencias para una síntesis teológica” (editorial Instituto Teológico San Ildefonso), escrito por el profesor Eduardo Vadillo. Un texto imprescindible para quienes estudian teología, en el que se lee por ejemplo: “Lamentablemente no pocos desarrollos teológicos postconciliares se han servido de una especulación que no siempre distinguía de modo adecuado entre Dios y el mundo, o subordinaba las verdades de fe a una misteriosa captación previa de Dios que no conseguía librarse de resabios ontologistas. De esta manera, lo que algunos presentaban como espíritu del Concilio no iba mucho más allá de un cierto remix del espíritu del idealismo alemán o más en general del principio de inmanencia típicamente moderno, sobre el que ya había alertado el Magisterio desde mediados del siglo anterior”.

Vayamos al Papa. Dijo en la Plaza de San Pedro: “Yo sigo la teología desde el 46; comencé a estudiar teología en enero de 1946, y he visto por tanto a tres generaciones de teólogos, y puedo decir: las hipótesis que en aquel tiempo, y después en los años 60 y 80 eran las más nuevas, absolutamente científicas, absolutamente casi dogmáticas, ¡con el tiempo han envejecido y ya no valen! Muchas de ellas parecen casi ridículas. Por tanto, tener el valor de resistir a la aparente cientificidad, de no someterse a todas las hipótesis del momento, sino de pensar realmente a partir de la gran fe de la Iglesia, que está presente en todos los tiempos y que nos abre el acceso a la verdad. Sobre todo, también, ¡no pensar que la razón positivista, que excluye lo trascendente – que no puede ser accesible – sea la razón verdadera! Esta razón débil, que presenta sólo las cosas experimentables, es realmente una razón insuficiente. Nosotros teólogos debemos usar la razón grande, que está abierta a la grandeza de Dios. Debemos tener el valor de ir más allá del positivismo a la cuestión de las raíces del ser”.

¿Alguien da más?

José Francisco Serrano Oceja