Lunes 25/09/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

El perdón: la voz de Dios

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“No he dudado en perdonar a los asesinos. Para un cristiano es un paso necesario, aunque no borra el dolor. Pero pido que se haga justicia”.

Paul Bhatti se refiere a los asesinos de su propio hermano. Y sabe que el perdón es la mejor forma de oponerse a “toda forma de intolerancia, de violencia y de terrorismo”; es el primer paso, y el definitivo, para que se “haga justicia”. Palabras cristianas que han resonado en el mundo desde que Cristo perdonó y rogó a Dios Padre por quienes le estaban matando y clavando en la Cruz.

El perdón seca las raíces del odio. El odio, aun el más diabólico, sólo puede desaparecer, morir, “sepultado” por el perdón: “Debemos combatir este odio. Si no lo hacemos, estas víctimas seguirán existiendo. No se trata sólo de mi hermano; en Pakistán todos los días hay bombas que explotan y personas que son asesinadas”.

El Papa continúa su oración para que la libertad religiosa eche raíces en la cultura de todos los pueblos, y adquiera relevancia legal al quedar inscrita en las leyes de todos los países. El camino es largo e insidioso. Y, a la vez, es el único que conduce a un renacimiento perenne de la Fe, y a un asentamiento sólido de la paz en el mundo.

De Pakistán a Ucrania. El perdón no tiene fronteras.El nuevo Primado de la Iglesia Greco-católica de Ucrania, Mons. Sviatoslav Shevchuk, tiene grandes planes para resistir el secularismo creciente en su país y asegura que buscará tanto la ayuda de Roma como una "alianza estratégica" con las iglesias ortodoxas.

Mons. Shevchuk visitó al Papa Benedicto XVI el 1 de abril en su primer acto oficial desde que fuera elegido el 23 de marzo pasado para liderar a los 4,3 millones de católicos ucranianos de todo el mundo. El nuevo Primado tendrá a su cargo la Iglesias católica de rito oriental más grande que resurgió en la década de 1990 cuando se desintegró el sistema totalitario de la Unión Soviética, que tanto persiguió a la Iglesia Católica.

Los greco-católicos de Ucrania atravesaron muchos sufrimientos durante el siglo pasado. Sacerdotes y los fieles fueron detenidos de manera rutinaria, muchos martirizados por la fe y por lo general fueron obligados a vivir en la clandestinidad.

¿Recordar el pasado, y mantener grabada a fuego la lista de agravios? No. Para el arzobispo Shevchuk, la "sangre de los mártires... es la razón principal para que con nuestros jóvenes, haya renacido la Iglesia". La sangre de los mártires genera fuerza para perdonar y volver a construir. Agranda el corazón, y hace posible que el cristiano acoja a todos.

El cristiano paquistaní, ucraniano, español, japonés, nigeriano…perdona porque tiene presente la Resurrección de Cristo; porque tiene presente a Cristo Resucitado, vivo en el Sacramento de la Eucaristía.

El Arzobispo Shevchuk ya ha tenido conversaciones con otros líderes católicos y ortodoxos para llegar a una sólida construcción de una "alianza estratégica para un testimonio armonioso y único de los cristianos", que podría ayudar a evangelizar la cultura ucraniana, y todas las culturas del mundo. Una “alianza” que sólo puede encontrar un fundamento firme en la vivencia común y fraterna del perdón.

¿Existe acaso un hombre, una mujer, que no tenga nada de lo que ser perdonado? ¿Existe mujer o hombre que no tenga nada que perdonar a nadie?

“Perdono de corazón al hermano que me ha herido”. Juan Pablo II pronunció estas palabras después de recibir los disparos que estuvieron a punto de acabar con su vida. El perdón convirtió la bala en el mejor regalo de la corona de la Virgen de Fátima.

 

Ernesto Juliá

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