Viernes 22/09/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

No nos olvidemos de los pobres

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Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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El Papa Francisco sabe muy bien que no “debemos olvidarnos de los pobres” porque, como acaba de escribir, son “un imperativo que ningún cristiano puede ignorar”. Estos días pasados se ha hecho público el primer mensaje para la Jornada Mundial de los Pobres, que instituyó al concluir el Jubileo de la Misericordia, que se celebrará en toda la Iglesia, en 2017, el 19 de noviembre.

Al hablar de pobreza solemos pensar en términos económicos. Convendría pensar también en términos teológicos, en primer lugar, dado que esos términos nos van a ofrecer una perspectiva más global, nada reduccionista. Pensar teológicamente no exime de una reflexión humana y social sobre la pobreza que debe acompañar nuestros actos de caridad y justicia.

La mayoría de los indicadores establecidos para medir la pobreza se limitan a ofrecer una barrera de ingresos mínimos bajo los cuales se considera que se vive en situación de necesidad. Y, si bien es innegable que la pobreza tiene una dimensión económica importante (pobres serían aquellos que ganan menos de 1,25 dólares al día), no se puede plantear la solución al problema en meros términos monetarios. 

Las implicaciones sociales de la pobreza, el necesario impulso político o las consecuencias humanitarias propias de la falta de acceso a servicios básicos son componentes del problema que escapan a un simple análisis económico.

La pobreza es un problema económico, social, político y humano que se ve potenciado por varios factores, entre los que destaca la falta de información y de formación y la incapacidad para acceder a servicios básicos como la educación o la sanidad.

Es decir, es un fenómeno que debe ser analizado desde un enfoque más amplio que el puramente económico. El pensador y Premio Nobel Amartya Sen fue pionero en plantearse cuestiones de valores y enfoques más integrales sobre la pobreza, lo que él llamó “enfoque de las capacidades”.

La reflexión sobre este asunto no es, pues, baladí, ya que conocer las causas de la pobreza es el primer paso para poder avanzar en su erradicación.

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