Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

Tribunas

Los obispos de Brasil salen en defensa de la libertad política

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

Muchos sondeos pronosticaron la victoria en la primera vuelta de Dilma Rousset, la candidata del Partido de los Trabajadoras, para sustituir a Lula como presidente de Brasil. No fue así, aunque obtuvo un número de sufragios muy alto. A pesar de la diferencia de más de 14 puntos con el socialdemócrata José Serra, no está claro ahora el triunfo en la segunda vuelta, que se celebrará el próximo 31 de octubre, pues la tercera en discordia, la ecologista Marina Silva, que obtuvo cerca del 20% de los votos, no se ha decantado por ninguno de los dos candidatos, y las creencias religiosos podrían jugar a favor de Serra.

No se puede olvidar el fuerte apoyo que Marina Silva, conversa al protestantismo evangélico, tuvo de los fieles de esas confesiones. Aunque los analistas consideran que sus buenos resultados se deben sobre todo a sus excelentes cualidades personales: origen pobre, aplomo, serenidad, respeto al adversario, honestidad, coherencia de un discurso favorable al desarrollo sostenible. Esas condiciones fueron capaces de acercarla a sus dos grandes rivales, que contaban con partidos fuertes y potentes aparatos electorales. Pero también contribuyeron los millones de sufragios provenientes de fieles de las confesiones evangélicas, que representante en torno al 20% del electorado.

Rousset, delfín de Lula, capitalizaba la enorme popularidad con que Lula llega al final de su mandato. Pero, en contra de ella –y a pesar de sus desmentidos operaba su posición favorable al aborto, rechazado lógicamente desde perspectivas religiosas. Hasta no hace mucho, Dilma Rousseff militaba por la despenalización de la interrupción del embarazo por razones de salud pública. De hecho, en diócesis del Sur, se aconsejó a los fieles católicos no votarla.

Por lo que he leído y por lo que he hablado con amigos brasileiros, un pueblo con un corazón tan grande, más dependiente aún de la televisión que de la letra impresa, de fáciles y vibrantes entusiasmos, se presta quizá más que otros a fundir –confundir religión y política.

En las actuales circunstancias, la Comisión Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal de Brasil –la primera nación católica del mundo vio oportuno publicar una declaración sobre el uso de la fe cristiana en el proceso electoral, expresando su preocupación por las acciones de muchos grupos que, en nombre de la fe cristiana, "han creado dificultades para un voto libre y consciente”.

En primer término, desautoriza el documento de la Región Sur, en cuanto no representa el pensamiento de la Conferencia Episcopal. Ésta debe mantenerse “al servicio de la comunión y el diálogo entre los Obispos de Brasil, y trabajar para construir una sociedad justa, fraterna y solidaria". Por esta razón, "no sugiere ningún candidato, y recuerda que la elección es un acto libre y consciente de cada ciudadano”.

Como es natural, los fieles no pueden eludir los compromisos de fondo, la trayectoria vital y las promesas de futuro de los diversos candidatos: "ante esta gran responsabilidad –se afirma expresamente en la nota oficial , instamos a los católicos a considerar los criterios éticos, incluyendo, en particular, el respeto incondicional por la vida, la familia, la libertad religiosa y la dignidad humana".

La realidad es que, aunque estaba en el programa del Partido del Trabajo, Lula no ha promovido la legalización del aborto. En cambio, todo el mundo reconoce cómo Brasil se ha transformado durante los ocho años de presidencia de Lula: al menos 20 millones de personas han salido de la miseria, y se va formando una nueva clase media que englobaría a casi la mitad de los ciudadanos y no dejará de tener efectos electorales. En ese contexto, aun desde lejos, parece muy oportuna la intervención de los obispos: al cabo, la defensa de la libertad y los derechos humanos forma parte del núcleo de las exigencias sociales de la fe.

Salvador Bernal