Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Un nuevo foro cristiano

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Monseñor Fernando Sebastián ha vuelto. Y ha vuelto a Madrid, al protagonismo, ahora no quizá público, sino social y eclesial, con la iniciativa del Foro Cristianismo y sociedad, que organiza la Fundación Pablo VI, de la que don Fernando es Presidente. Una de las ideas más repetidas del que fuera arzobispo de Pamplona y Tudela, que ha hecho su personal camino de Damasco en el análisis de sociedad española y de la Iglesia en España, es que “el reconocimiento de la ciudadanía de los cristianos puede resultar un índice para medir el grado de legitimidad y civismo de los sucesivos regímenes políticos y aun la madurez de la cultura y de la civilización en cada época de la historia de los diferentes países. Unas veces por más y otras por menos, el reconocimiento de los derechos civiles de los cristianos, como de cualquier otra minoría, manifiesta la madurez y la justicia de un ordenamiento político”.

El Foro Cristianismo y sociedad ha cumplido ya varias etapas, con varios diálogos y con variados interlocutores. Se inauguró con el mundo de la política –García-Santesmases-; luego dedicó una sesión a la economía, con Juan Velarde y José Molero; más adelante abordó la cuestión del derecho a la vida, con Jesús Avezuela Cárcel, Jesús Ávila de Grado, Roberto Germán Zurriarain y César Nombela Cano; y esta semana nos ha ofrecido un interesante coloquio, en razón del tema, no tanto de la confrontación entre los intervinientes, sobre “Occidente tras la caída del comunismo ¿pérdida de enemigo, pérdida de identidad?”, en el que estuvieron Iñigo Méndez de Vigo, eurodiputado del PP, y el sociólogo Víctor Pérez-Díaz.

La intervención de Méndez Vigo estuvo cargada de referencias a Marcelino Oreja, en el día después de las celebraciones de la caída del muro de Berlín, acontecimiento celebrado y extrapolado por la izquierda, y vaciado de su contenido más originario. Sin embargo, la intervención del sociólogo Pérez-Díaz sorprendió a los asistentes por su hondura, por su capacidad de análisis y por la certera crítica a la situación social, política y, principalmente, cultural y educativa, por la que atraviesa España, el espejo en dónde primero miramos a Europa. Ni que hubiera leído lo que Benedicto XVI dijo, el pasado 27 se septiembre, al mundo académico checo: “Con todo, en 1989 el mundo fue testigo de modo dramático del derrumbe de una ideología totalitaria fracasada y del triunfo del espíritu humano”.

Es esta incisiva de don Fernando, en una Fundación Pablo VI que lo acoge casi todo, una contribución al presente que no debe pasar inadvertida.

José Francisco Serrano Oceja