Domingo 04/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Un nuevo Año Santo Compostelano

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No han sido, y son, pocos los esfuerzos que el arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, ha tenido, y tiene, que hacer para que el Año Santo Compostelano sea algo más que el Xacobeo cultural, social, político, étnico, folklórico. La tendencia sistemática de la política de lo inmediato, de la cercanía, a apropiarse de todo, y una no confesada debilidad histórica de la Iglesia, por ejemplo en cuestiones patrimoniales, hacen de acontecimientos espirituales de la trascendencia de un Año Compostelano una apetitosa oportunidad de expropiación, más o menos controlada según el color del partido político gobernante.

El Año Santo Compostelano ha llegado con una Iglesia en Galicia en trasformación. A la renovación que supuso el nombramiento del Obispo de Lugo, monseñor Alfonso Carrasco, que con su peculiar sencillez evidencia la cercanía y el afecto del obispo, se le suma una generación de prelados que ya están el término de su episcopado en sus diócesis. El inminente cambio en la diócesis de Tuy-Vigo, quizá un cambio de cromos, es decir, un cambio de obispos en y de sedes gallegas, se suma la necesidad de nuevos nombres que hagan posible que, con el Año Santo Compostelano, se dé un nuevo impulso a la fe, a la esperanza y a la caridad.

En este proceso jugará un papel determinante monseñor Luis Quinteiro, en el presente obispo de Orense. Tampoco debemos olvidar la silente, pero eficaz, labor del obispo de Mondoñedo, Manuel Sánchez Monge. Está pendiente la siempre traída y llevada confirmación de un obispo auxiliar para Santiago de Compostela. En este caso, la voluntad del obispo titular es decisiva, dado que es quien promueve el candidato y lo acompaña en el proceso, a no ser que sea sugerido de altas instancias.

Quizá se eche de menos, en este año, una guía para peregrinos en forma de amplia, teológica y profunda carta pastoral conjunta, como la de 1988, citada en la pastoral vigente para esta ocasión con el siguiente texto: “Anticipándose proféticamente a lo que sucedería en la última década del siglo pasado, los Obispos del Camino de Santiago en su Carta Pastoral en 1988 se hacían eco de este florecimiento cuando escribían: “El Camino de Santiago que conduce a la Tumba del apóstol Santiago, en la ciudad que lleva su nombre, Santiago de Compostela, en el Finisterre galaico, desde los puntos más diversos de España y de Europa ha vuelto a cobrar inusitada actualidad en los últimos años. El número de peregrinos que lo recorren al tradicional estilo de la venerable peregrinación medieval, junto a aquellos que lo hacen valiéndose de los medios modernos de locomoción, crece constantemente”.

José Francisco Serrano Oceja