Lunes 21/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Una nueva campaña mediática

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El diario "La Vanguardia", que mantiene alto el pabellón público del know how de Iglesia en Cataluña, publica todos los domingos, en el contexto de dos páginas de información y formación religiosa, la carta pastoral del arzobispo de Barcelona, Cardenal Luis Martínez Sistach. Es, por tanto, un ejemplo de cómo un periódico moderno, especialmente sensible a las tendencias culturales y de pensamiento, con acreditados columnistas, no hace ascos a la presencia del pensamiento cristiano entre sus páginas.

Otra cuestión es la perspectiva sobre la que formula el diálogo y el pensamiento, máxime si tenemos en cuenta que uno de sus más acreditados colaboradores es el teólogo y columnista semanal, el jesuita José Ignacio González Faus, a quien, por cierto, beatifica Pilar Rahola en su última columna dominical.

Pero cuando la política se filtra en las órbitas celestes, lo que suele producirse es una caricatura de la realidad, que bien pudiera semejarse al callejón del gato de la historia en el que los espejos torcidos del periodismo producen monstruos.

Desde hace tiempo, algunos de los más destacados líderes de este periódico, que concedió no hace mucho su destacadísimo premio al cardenal Tarcisio Bertone, mantienen una soterrada campaña en contra del cardenal arzobispo de Madrid, cardenal Rouco Varela. ¿Qué ocurriría si la campaña fuera de un medio de Madrid a un destacado eclesiástico de Barcelona?

Este fin de semana, los constructores de opinión de la burguesía catalana han intensificado una campaña, construida sobre la dialéctica, mucho más que hegeliana, del Papa Francisco versus Rouco, titular de la columna de Pilar Rahola, cargando las tintas sobre una supuesta e imaginaria no adecuada recepción en los predios del Manzanares de la entrevista del Papa al jesuita Spadaro. Una película que solo está en la mente de quienes la propalan.

Y en esa campaña se mezcla lo divino y lo mediático, poniendo a canal 13 y a la Cope en el misma línea de flotación, y atribuyendo a estos medios intenciones y acciones que, ni por asomo, se corresponden con la realidad. Quizá es que la Cope que se escucha allí no es la misma que emite aquí. La estrategia de sacar de contexto para convertir en un pretexto todo lo que huela a la Iglesia en Madrid, y a Conferencia Episcopal Española, a la que siguen perteneciendo los obispos de las diócesis catalanas, es demasiado anticuada. ¿Acaso se pretende que reine el silencio sobre las consecuencias éticas y morales, para un cristiano, de lo que está pasando en Cataluña y lo que es y significa España? Habrá que esperar a la próxima Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal los primeros días de octubre.

Huelga a estas alturas cualquier referencia a la realidad de la Iglesia en Barcelona, y en Cataluña, tan plural y distinta como para hacer generalizaciones injustas, en comparación con otras Iglesias particulares en España. No vamos a hablar, por ejemplo, del número de Seminaristas. Pero confundir el imaginario de la política en clave del binomio España-Cataluña, para apuntalar una sombra de humo sobre el arzobispo de Madrid y Presidente de la Conferencia Episcopal Española, empujando, fáustico intento, incluso su relevo, es un ejercicio de calibre demasiado grueso, increíble por no creíble.

Y más. Pero con calma.

José Francisco Serrano Oceja

“Somos
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