Lunes 25/09/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Los niños no vienen de París

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Un artículo de...

Jesús Ortiz
Jesús Ortiz

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Los obispos se han pronunciado sobre la llamada maternidad subrogada considerando que no es una solución ética para quienes desean tener un hijo. Son muchas cuestiones antropológicas, morales y doctrinales que están en juego, en una sociedad tan ensimismada en los derechos y encerrada en la emotividad. Por ejemplo, la manipulación de embriones atenta a la verdad y dignidad de toda persona, que no debe ser tratada como un objeto, o que los hijos son un don de Dios y no capricho. ¿Pero qué peso tiene la verdad y las razones en quien vive al margen de Dios?

Veamos las razones de quienes han pensado sobre tan importante cuestión, desde posturas distintas. Así la ex diputada Lourdes Méndez Monasterio ha escrito un artículo en ABC defendiendo la vida y mostrándose contraria a legislar los vientres de alquiler. Defiende estas ideas convencida de que no son suyas pues son parte del patrimonio ético que acompaña al ser humano; es algo prepolítico, aunque los partidos teman hablan de la ética y, sobre todo, de practicarla en los temas profundos. Manifiesta que “Estoy en contra de la regulación. Más que de motivos religiosos, se trata de una cuestión de derechos humanos, porque la maternidad subrogada ataca a la dignidad de la mujer. Si se impone la regulación en el congreso nacional, el PP ya no será mi partido. Me iré”.

Pero lo importante es que la defensa de la vida humana indivisible. Unos partidos quieren fijar ciertos criterios, barreras, y tasas, pero sabiendo que después serán ignoradas por quienes entren en ese comercio, con preferencia gentes no muy necesitadas. Otros dicen que sea gratuita como si desconocieran que los países que han legislado una prestación gratuita, como el Reino Unido, no encuentran gente tan altruista ¿qué mujer se prestará a ser fecundada para gestar a una criatura durante nueve meses y después darlo “gratis et amore” a un pareja o a un individuo; por eso los demandantes tienen que acudir al extranjero, a países empobrecidos como Grecia, pobres como la India o el extremo Oriente para contratar a mujeres necesitadas, por un tercio (40 mil euros) o la mitad de lo que cuesta en los Países desarrollados como Estados Unidos (150 mil dólares). Con matices escribe la diputada Patricia Reyes de C’s encargada de redactar la propuesta que se presentará en unos meses: “Nosotros creemos que la gestante debe recibir algún tipo de compensación económica por las molestias”.

Por su parte Ángeles Álvarez, diputada socialista y militante feminista decía en El Mundo que “En los vientres de alquiler, la cuestión de clase, además de la de género, es determinante. En la práctica es una forma de explotación de las mujeres jóvenes. La libre regulación de los vientres de alquiler generaría paraísos reproductivos en lugares de pobreza y extrema vulnerabilidad de las mujeres. ¿Se puede comprar o vender una parte del cuerpo? ¿Un embarazo? ¿Un bebé? No”. Y respecto a quienes alegan que los hombres donan semen añadía con sorna: “Un hombre puede tener un hijo sin enterarse, pero eso es imposible en el caso de las mujeres. Por no hablar de lo duro que es la donación de óvulos”.

Por otra parte, los eufemismos empleados hasta ahora indican la mala conciencia de quienes promueven estas prácticas; primero han hablado de los “vientres de alquiler”, después de “maternidad subrogada”, que queda más bonito, y ahora de “gestación subrogada” algo mucho más impersonal. Y precisamente los ideólogos de estas cuestiones pretenden despersonalizar la maternidad, erosionar el matrimonio y la familia, y seguir avanzando en el imperio de la ideología de género. Además, ya tenemos experiencia de cómo trabajan con los eufemismos para imponer una determinada opinión pública y manipular las conciencias, como “el derecho a elegir”, “interrupción del embarazo”, “matrimonio homosexual”, o “familias alternativas”. Quizá falte poco volver a las cigüeñas que traen los niños ricos desde París. En realidad, son intentos de eliminar a la madre y de jugar a capricho con las criaturas. Y así todos contentos escondiendo la conciencia bajo las alas.

Por todo esto la ex diputada escribe que “La defensa de la vida es del todo incompatible con la permanencia del derecho al aborto; la defensa de la libertad es incompatible con leyes que imponen una ideología; la defensa de la dignidad de la persona es incompatible con la explotación de la mujer o la mercantilización del hijo”. 

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