Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Lo natural cristiano

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Dani tiene trece años y confiesa que lo que más le cuesta de este campamento es no poder seguir el mundial. Pero se ha dado cuenta de que, por las noches, en invierno, cuando reza el misterio del Rosario, sólo ve las luces de las ventanas del edifico de enfrente. Y, sin embargo, ahí, en el campamento de Gredos, a los pies de la Virgen de Gredos, la oración le sabe distinta ensimismado con las estrellas.

Son miles los niños y jóvenes que durante estos días de vacaciones escolares añaden un punto y seguido en su formación humana y cristiana al ritmo de la naturaleza. En la tradición espiritual de la Milicia de Santa María Inmaculada, los campamentos son un tiempo fuerte para el trípode sobre el que el jesuita Padre Tomás Morales asentó la formación humana y cristiana de los jóvenes: Responsabilidad, reflexión y constancia. “Todas las mañana, media hora de aislamiento y soledad sigue siempre a la exposición de un punto del Evangelio”, escribía el P. Morales. Quince minutos de silencio de cara a las estrellas para saborear la cúpula celeste, como si fuera el paladar de la gracia de Dios para los hombres. “Detrás de las estrellas, Dios padre parpadea para ti”, añadía. Reflexión en grupo para formar la recta capacidad de criterio y el espíritu de iniciativa. Y, por último, la asamblea, en el fuego de campamento –ése sí que era fuego-, en dónde se propone un tema de actualidad sobre el que se habla y se forma un juicio cristiano sereno. Apuntes de una pedagogía, siempre antigua en la tradición cristiana, y siempre nueva.

Todo esto ocurrió, como confesión espontánea, en un improvisado escenario de Navatormes de Gredos, el pasado fin de semana. En la primera fila de un anfiteatro improvisado, el arzobispo de Madrid, cardenal Rouco Varela, sentado, entre otros, junto a Carlos Dívar, Nicolás Arroyo, José María Aguirre González, Miguel Ángel Velasco, y un grupo de amigos de la Milicia de Santa María Inmaculada, con más de un centenar de padres, abuelos, tíos y hermanos de los campistas. El día comenzó con la misa, presidida por el cardenal Rouco, con los esbeltos pinos como columnas de un improvisado templo de la creación. Una misa en la que habló de la belleza de la obra de Dios y del egoísmo que enturbia la obra de lo humano. El día concluyó con una canción infantil, expresión del amor de los niños a la Virgen de Gredos. Así es lo natural cristiano.

José Francisco Serrano Oceja