Jueves 24/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Algo se mueve en Cataluña

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En estos últimos días, varias noticias sobre el presente y el futuro de la Iglesia en Cataluña, con motivo de la sustitución del cardenal Sistach, han atraído la atención eclesial y de los medios.

Hemos sabido por varias agencias de prensa que la Vicepresidenta de la Generalidad de Cataluña, Joana Ortega, y el responsable de asuntos religiosos, Xavier Puigdollers, han viajado a principios de mes a Roma para mantener una serie de conversaciones en orden a la sucesión del arzobispo de Barcelona. Sus interlocutores principales han sido destacados eclesiásticos españoles que, a título privado, se han interesado por escuchar a la política catalana hablar sobre la necesidad de que el futuro arzobispo de Barcelona tenga sensibilidad hacia la diferencia nacional.

La pasión por el Evangelio y la creatividad y frescura que está imprimiendo a toda la Iglesia el Papa Francisco, sin lugar a dudas, serán antídotos adecuados ante la secularización profunda que agosta la gloriosa tradición católica de Cataluña.

Además, se han intensificado la estrategia de las terminales mediáticas del nacionalismo eclesiástico catalán a costa de la sucesión del cardenal Rouco en Madrid, en una especie de todo vale, cubierto de un silencio más que sospechoso de quienes pudieran hablar. No hay domingo que en la prensa de Barcelona, como así se dice, algunos de sus artífices insistan, desde los espejos deformados de la historia, en atribuir al cardenal Rouco una imagen y un perfil irreal de su persona. Una estrategia antigua que mantiene la atención hacia otras coordenadas.

Dos datos más a un puzzle de compleja gestión. Hay que leer con detalle la homilía del arzobispo de Barcelona en la festividad de san Jordi. Un texto que ratifica la contribución de la Iglesia a la construcción del sentimiento nacional.

Quien siempre da un paso más es el Abad de Monserrat, José María Soler, que tanto en las declaraciones recientes a varios medios, como en su homilía de la celebración de Monserrat, ha insistido en el derecho a decidir de los catalanes. Incluso ha dicho lo que muchos piensan y ha mostrado su respeto por el hecho de que una benedictina catalana, Teresa Forcades, junto al presidente de Justicia y Paz de Barcelona, Arcadi Olivares, hayan formado un partido político, o plataforma política, como se dice ahora, para incidir en construcción de la utopía cristiana en la historia. Ejem.

Algo se mueve en Cataluña...

José Francisco Serrano Ocejajfsoc@ono.com

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